Veintitres tapa 5ago10Primero fue el mail, que vino a actualizar y a dar vida a la olvidada costumbre de mandar correo. Después internet lentamente fue instalando el hábito de ver por ahí, consultar, hojear el diario en la lógica del 24/7: todas las horas de todos los días la cantera estaba ahí esperando ser explotada. El nuevo siglo trajo la posibilidad de que todos alimentemos el supermercado de información y entretenimiento más grande del mundo. Los blogs permitieron al que se animara a desarrollar su pequeño espacio contribuir a la confusión general. Porque como decía Umberto Eco, internet a esa altura era como si te dejaran todas las mañanas un periódico de miles de páginas sin ordenar, para que te arregles como puedas.  Por suerte, alguien creó las redes sociales, que son espacios que vienen a organizar un poco el desbarajuste con la lógica comunitaria primigenia: la recomendación de los conocidos y su buena voluntad de compartir algo valioso. Pero con tantas ventanas abiertas, tantos sitios para visitar, un millón de amigos a un click del mouse, la novedad ahora viene a ser decirlo cortito. En 140 caracteres.

Para cada momento y cada nueva contribución, los tecnólogos aplaudían fascinados la “revolución”, con lo que en estos poquísimos años en que convivimos con las nuevas tecnologías (ni siquiera llegan a veinte, lo que son segundos en la historia de la humanidad), hemos tenido demasiadas para creer que, ahora sí, Twitter es “la” revolución.  Aunque en este mar revuelto de comunicación, bien usada, esta herramienta viene a ser una boya que nos orienta y nos evita algunas zozobras.  En un entorno de casillas de mails saturadas, en web sin contenidos, en medios que siguen hablando de lo mismo, Twitter puede empujar, alertar, darnos alguna pista inesperada. Pero 140 caracteres son demasiado estrechos para los pensamientos complejos. Por eso decía Manuel Castells que “Los activistas en twitter. Los ideólogos en Facebook”. Lo que viene a plantear que, además de estar en la red, hay que saber usarlas. Y sobre todo, saber para qué.  No sea cosa que en unos años, alguien hable de los tuiteros como hoy pregunta ¿ché, qué pasó con los floggers?

Columna publicada en la edición del 5 de agosto de la revista Veintitrés

“Demasiado estrecho para la revolución”

  1. 09 ago 2010 4:02 pmtalia tita

    buena informacion

  2. 09 ago 2010 8:11 pmgabriel

    interesante perspectiva. no me atrevo a llamar a tw revolución. esas cosas pasan pocas veces. la verdadera revolución es internet en si. creo.
    de todas maneras si es un fenómeno realmente novedoso. ahora, ojo, como todo, se puede ir para el otro lado, si todo el mundo comenta lo que va a cenar, o si vio tal cosa por la tele…

    saludos,
    g.

  3. 09 ago 2010 8:18 pm¡A los medios!

    Es cierto. Es curiosa la cantidad de gente que usa tuíter para avisar que está abriendo la heladera o que perdió el colectivo. Esperemos que no sean los mismos que se escandalizan por los reality shows, ya que les gusta tanto transmitir el propio. Gracias por los comentarios.

  4. 12 ago 2010 8:31 pmPriscila

    Me gustó mucho, muy interesante