Cuando creíamos que estábamos condenados al concurso de baile como destino del zapping nocturno, cuando volvíamos a criticar la escatología de la cámara oculta de siempre, resulta que la tele nos vuelve a tentar con el anzuelo de la novedad. Porque aunque la idea de “Gran Cuñado” no es nueva, hacía tanto que estaba desactivada que vuelve potenciada. Como los personajes objeto de la parodia, que son los de siempre, pero que de golpe despiertan más interés en su versión trucada que en el original que a la misma hora estaba transitando por algún programa de cable. ¿Qué atrae tanto de esta versión reloaded de Gran Cuñado? [Leer nota completa en Veintitrés]