La TV, siempre criticada por el gag fácil y oportunista, nos está regalando un derroche de parodia, forma de humor un tanto sofisticada. Y para mejor, la tele no se ríe de nosotros como en la época de las cámaras sorpresa, si no de ella misma (¡justicia por fin!). Tampoco lo hace con el trazo grotesco de “Los Roldán”, que hacía escarnio de los usos y costumbres de las clases venidas a menos. O de “Gasoleros”, que ridiculizaban a los que alguna vez fueron del medio, y que desde esa época engrosan las filas de los pobres. Ahora la TV se ríe del estrato que le sigue en el nivel ascendente: los bienaventurados progres de espíritu, clase social que se define por su capital cultural más que por el monetario. [Leer nota completa en Hipercrítico]