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	<title>a los medios &#187; Reality TV</title>
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		<title>Yo también podría</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Aug 2011 13:59:38 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Este año la tele no viene muy creativa. Las ficciones (salvo honrosísimas excepciones) son previsibles, los periodísticos son los de siempre, las variedades son cada vez menos variadas porque no saben vivir más que del declinante Bailando por un sueño. En este panorama desazonante, por suerte se renovaron los juegos, único rubro que entendió que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este año la tele no viene muy creativa. Las ficciones (salvo <a href="http://hipercritico.com/content/view/3528/39/" target="_blank">honrosísimas excepciones</a>)  son previsibles, los periodísticos son los de siempre, las variedades  son cada vez menos variadas porque no saben vivir más que del declinante  <em>Bailando por un sueño</em>. En este panorama desazonante, por  suerte se renovaron los juegos, único rubro que entendió que la  audiencia agradece la simetría en el trato que le dispensa la pantalla.  <span id="more-1371"></span></p>
<p>Los programas de juegos se han hecho populares porque  respetan el principio de la equivalencia que dice “si ese que está ahí  en la pantalla puede hacerlo, ¡yo también!”.  Para jugar con Julián (<em>Justo a tiempo</em>, Telefé) o con Guido (<em>A todo o nada</em>,  Canal 13), no se necesita ninguna competencia particular. Las preguntas  son anodinas, los juegos son a prueba de torpes, los participantes solo  tienen que ser ellos mismos de la manera más cruda posible. Ni siquiera  hace falta que desplieguen alguna gracia porque para eso está  el  elenco estable, que la derrochan sin tope. Por ahora en simpatía Weich  le gana por varios cuerpos al pichón de conductor Kafka. Pero es solo  una cuestión de horas de sorteo acumuladas. En cualquier momento Guido  lo alcanza.</p>
<p>La sorpresa la dio <em>Minuto para ganar</em>, el programa de Marley. Especialmente porque en un par de emisiones ya va cabeza a cabeza con <em>El hombre de tu vida</em>,  la ficción de Campanella. Muchos se preguntan cómo puede ser que  cualquier energúmeno obsesionado por embocar bolitas en dedales o colgar  clavos en un piolín convoque la misma audiencia que las primerísimas  figuras de una ficción de excelencia. Sin embargo, ambas se parecen. Las  dos aciertan en poner en el centro de la pantalla a gente sencilla,  personajes que el televidente perfectamente podría invitar a comer una  pizza el domingo por la noche. Cosa que hace un cuarto de la audiencia.</p>
<p>El lema del “yo también podría” funciona también para el inefable <em>Salven al millón</em> del programa de Susana. Las preguntas son tan enroscadas, tan  imprevisibles, que no parecen depender de un conocimiento.  ¡Entonces  cualquiera puede soñar que el azar, una vez en la vida, le sonría! Los  altos y bajos de la audiencia de julio hablan mucho de lo que genera  entusiasmo entre la audiencia. Si va Karina Rabolini y Daniel Scioli al  living el programa registra una de las marcas más bajas de julio (<a href="http://television.com.ar/ratings/?rdate=2011-07-27" target="_blank">13.7 puntos</a>). En cambio se estabiliza cuando aparece el <em>Salven al millón</em>,  especialmente cuando se lo ganan unos que podrían ser compañeros de  oficina. Ni qué hablar cuando Marley intenta catapultar cucharitas  adentro de un vaso o Susana quiere batir el record de sacar pañuelitos  de papel de la caja. La dupla dio picos de rating pocas veces  conseguidos en el ciclo 2011 (alcanzó 17.1 en la mitad de la apilada de  vasos plásticos). Evidentemente es irresistible eso de prender la tele  para ir a jugar.</p>
<p>Incluso los mismos programas de  siempre ganan cuando incorporan la simetría con el telespectador. En  Canal 9 Sofovich haciendo exactamente la misma <em>Noche del domingo</em> que hace décadas, y aun así incrementa la audiencia que le deja “Bajada  de línea”, que como su nombre lo indica parte de la asimetría (nosotros  arriba, “te” bajamos línea a vos, que estás ahí en el living sin  haberte dado cuenta…). El mismo “Bailando…” repunta cuando muestra algo  que también nos podría pasar a nosotros. Claro que por ahora no ofrece  más que desmayos y resurrecciones en pantalla y así y todo araña los  treinta puntos, cosa que no le deparó ni el más perreo de los perreos.  Imagínense si ofrecieran algo menos dramático.</p>
<p>Hasta <em>Cámaras de seguridad</em>, de América, genera el doble de entusiasmo que la cháchara gastada de <em>678</em>,  en el Canal 7. ¡Qué aporte al debate político popular sería incorporar  al televidente en el programa en un lugar más activo que el de las fotos  que pasan al inicio de los bloques!  Estaría bueno que  el “yo también  podría” alcanzara rubros más jerarquizados, como los programas de  opinión o los periodísticos. No hay duda de que la gente quiere verse en  la tele, aunque sea a través de alguien que se le parezca bastante.  Hasta ahora la tele se animó en géneros menores y mayormente  ridiculizando a los participantes. Pero nada hace pensar que el  televidente no fuera tan generoso con su atención si desde los otros  programas también lo trataran como lo que es: un igual al que está  dentro de la pantalla.</p>
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		<title>No somos Cristian U</title>
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		<pubDate>Thu, 12 May 2011 04:48:31 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Las explicaciones obvias son aburridas. Como esas que improvisan los que creen que  mirar un programa con impacto social los convierte automáticamente en cientistas sociales. Esta semana hubo varios que hicieron ejercicio ilegal de la sociología y no escatimaron esfuerzos para explicar el triunfo de Cristian U en Gran Hermano como parte de la decadencia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/05/GH-2011-CU.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1296" title="GH 2011 CU" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/05/GH-2011-CU-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Las explicaciones  obvias son aburridas. Como esas que improvisan los que creen que  mirar  un programa con impacto social los convierte automáticamente en  cientistas sociales. Esta semana hubo varios que hicieron ejercicio  ilegal de la sociología y no escatimaron esfuerzos para explicar el  triunfo de Cristian U en <em>Gran Hermano</em> como parte de la  decadencia moral de Occidente. Que “es un emergente de la mala educación  argentina”, que “la sociedad eligió a un delincuente”, que “la gente se  identificó con un violento”, y cosas por el estilo.<span id="more-1295"></span> Solo faltó  relacionar al favorito indiscutible de la versión 2011 con el eje del  mal, pero se salvó porque justo lo de Bin Laden fue casi en simultáneo  al cierre del ciclo y no les dio tiempo. Entiendo que la analogía fácil  es muy tentadora pero comparar el carácter del pibe Urrizaga con el de  Guillermo Moreno, y sacar conclusiones sobre la preferencia popular por  el carácter podrido, es un poco mucho.</p>
<p>Es cierto que la edición 2011 incluyó todos los  signos de estos tiempos. Los chicos de la casa se parecían bastante a  los que muestra el noticiero tomando los colegios y, como ellos, no  dudaron en piquetear intensamente por lo que sostenían como derechos  inalienables y no era más que champán para las fiestitas. También acá  valieron más los votos no positivos que los positivos. Este año, la  oposición anti Cris se las vio negras para lidiar con el fanatismo de  los ultra Cris, que cada fin de semana trataban de relegitimar a su  líder a través de los votos. Porque ni toda la efervescencia 2.0 y ni el  protagonismo en la tele alcanzan para permanecer, aunque no haya mucho  del otro lado (estoy hablando de GH, ¿está?). Por suerte para  <em>GH</em>, la nave insignia que el 13 tenía para pelearle el verano (“<em>Soñando…”, “Bailando</em>…”  ¿Cómo se llamaba’), zarpó con orquesta y velada de gala, pero cual  Titanic naufragó la misma noche de la partida. Pero aun así, la  producción tuvo que tomarse todas las licencias patéticas que tenían a  mano. Entraron y salieron participantes, entraron y salieron invitados,  entraron y salieron disfraces, juegos, perro, lechuga, guitarras, noches  temáticas. Por suerte, todo el tiempo tuvimos Peluffo ahí, poniéndole  el pecho heróico al Twitter y el remo  incansable a esa tormenta de  ideas. Nada hubiera sido lo mismo sin Mariano.</p>
<p>Insisto que en <em>GH</em>,  como todo en la tele, cualquier semejanza con la realidad es pura  coincidencia. Don Zygmunt Bauman, el sociólogo que de verdad trató de  entender el show, explica que su éxito radica no en que imita a la vida,  sino que el juego es como es nuestra vida por estos días. En ambos, el  descarte es un destino inevitable, que tarde o temprano le llega a todos  incluso el ganador, que será olvidado inmediata e irremediablemente. En  <em>GH</em>, como en la vida, la permanencia no depende de los méritos,  de las condiciones, de lo mucho o poco que se haga, sino que se termina  resolviendo porque sí. Porque en algún momento alguien se tiene que ir.  Nadie tiene la estabilidad garantizada y todos los días hay que  rebuscárselas para retener lo que a duras penas se consiguió. ¿Les  resulta familiar? Cristian U arrasó en preferencias porque fue el único  que jugaba con ese cruel destino de ser eliminado. Los otros resultaron  corderitos que ni llegaron a víctimas, como fue Marianela en el <em>GH2007</em>. Cristian U ganó por abandono de los otros.</p>
<p>El mayor acierto del formato es que <em>GH</em> es una que sabemos todos. Por eso todos hablan de <em>GH</em>,  especialmente los que no lo toleran. Esas interpretaciones libres que  hacen del programa los que jamás lo verían, que temen daños  irreversibles en la sociedad, poco tienen que ver con lo que vimos los  que lo vimos. Para seguidores del show la fidelidad nos dura lo que el  espectáculo. Por eso cualquier efecto colateral está ampliamente  contrarrestando por el olvido. ¿Gran Hermano? ¿Cuál Gran Hermano?  ¿Cristian U? ¿Quién es Cristian U?</p>
<p>Publicada en <a href="http://hipercritico.com/content/view/3461/39/" target="_blank">hipercritico.com</a></p>
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		<title>Mediáticos descartables</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Mar 2011 22:32:51 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/03/Zulma-Lobato-Cr-TV.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-1208 alignleft" title="Zulma Lobato Cr TV" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/03/Zulma-Lobato-Cr-TV-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Sabiendo que nadie va a enterarse de lo que está pensando, quizás  pueda recordar sin remordimiento esa vez que el zapping se detuvo ahí  donde algún nadie hacía sus monigotadas frente a la burla de otros que  se hacían los superiores, aunque tengan por profesión parecidas bajezas.  Si es un televidente temerario y no le importa el qué dirán, reconocerá  frecuentar esos programas donde se fuman sin filtro personajes que  hacen de sí mismos o exhiben presumidos talentos que casi siempre  delatan una carencia absoluta de ellos. <span id="more-1206"></span>Aun si no come espectáculo  crudo, y es de los que picotean de los programas que cocinan las sobras  de otros, sabrá igual quiénes son las Zulma, los Süller, los Amigacho,  porque están ahí, en las noticias, en las tapas de las revistas, en las  conversaciones. Todos los conocemos.  Son muchos los medios que viven de estos marginales que buscan en la  televisión algo que no terminamos de entender. Pero también somos muchos  los que buscamos en estos personajes algo que no terminamos de  confesar. Apenas sí sabemos que esas historias ridículas, denigrantes,  marginales, nos dejan hipnóticamente adheridos a una pantalla que  muestra cosas que nuestra conciencia repudia. Algunos dicen que el  cambio de siglo encontró a los espectadores saturados de artificios y  vieron en estos seres descarnados una referencia más cercana a la  realidad estallada por las crisis social, política, económica. La TV  realidad, en los participantes de sus productos globales, en panelistas  de historias corrientes, en sus artistas aficionados, ofrece al  espectador desencantado una mirada de sí mismo.  En la pelea por la permanencia en el reality show ve un poco de su lucha  diaria por subsistir en un mercado laboral tan cerrado como la casa más  famosa. En esos que disputan sus intimidades en cámara, ve algo de sus  propias reyertas cotidianas. Anabela explicaba su éxito y el de su  principal descubrimiento en que Zulma Lobato era “auténtica”. Es cierto  que en este mundo youtubizado, el video casero es más atractivo que el  videoclip elaborado, el directo del cortejo fúnebre más convocante que  el discurso oficial preparado, el exabrupto filmado con celular más  creíble que el discurso ensayado bajo reflectores. Pero no lo es que una  travesti pobre, abandonada del mundo, sea auténtica porque la  desesperación le anuló las inhibiciones y no se da cuenta de que se le  corre la peluca. Ella está ahí porque la televisión es, paradójica,  trágicamente, el único lugar donde un ser sin atributos puede ser héroe.  Por un instante, claro. Pero qué instante. Para muchos, esos ojos que  sintonizan el programa pueden ser los únicos que se dignaron a posarse  en su humanidad en meses. Esos programas que los convocan para el  escarnio son quizás de los pocos que los hayan invitado en años.  Todos vimos a Zulma cuando dejó de ser Miguel al ver su nombre elegido  impreso en un videograph. Zulma soñó, quizás, que su historia podía ser  la de Florencia de la V. Todos vimos a Florencia y a Zulma. Todos nos  hemos reído, aun involuntariamente, con ellas. A Florencia le salió bien  y fue divertido. A Zulma no, y es trágico. Todos sabíamos que no podía  terminar bien. Ni siquiera esa falsa prosperidad que su fama repentina  le prodigó y que le permitió renovar peluca y vestidos que mostró,  orgullosa en su desvarío, en fiestas privadas y en boliches donde  repetían en vivo la mofa televisada. Todos sabíamos que Zulma no iba a  ser Florencia. Todos menos ella. Debía haberse dado cuenta cuando solo  le mandaban el remís para humillarla en el estudio. Debía haber  sospechado cuando nadie se acercó a ofrecerle el nuevo DNI para sacarse  una foto con ella y una nueva identidad. En su desbarranque, a nadie se  le ocurrió ofrecerle más que lo mismo que le ocasionó su gloria fatal:  una cámara.  Estábamos acostumbrados a los mediáticos de antes, profesionales,  pintorescos, que parecían manejar su exposición al punto que no se  llegaba a saber bien si eran o se hacían. Estos tiempos, más impiadosos,  nos dan mediáticos descartables, que estallan ni bien se encienden para  ser arrojados al instante al relleno sanitario que acumula la escoria  social. Azcar trata a sus invitados como Crónica trata a Azcar; como  “RSM”, “CQC” o “Bendita TV” tratan a Crónica; como los programadores  tratan a esos programas. Y así. No en vano esta televisión, aquí y en  todo el mundo, está marcada por “Gran Hermano”, programa donde se juega a  descartar a la gente. Sin tratar de entender por qué las sociedades  tienen estos medios, es difícil que podamos ser distintos que ellos.</p>
<p>Publicada en <a href="http://www.revista-noticias.com.ar/comun/nota.php?art=3188&amp;ed=1787" target="_blank">Noticias</a>, 24/3/2011.</p>
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		<title>Basura reciclada</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Feb 2011 19:43:07 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La basura se ha convertido en la crítica favorita de muchos intelectuales y razón de escándalo en diversos programas de radio. Pero claro que no ésa que se arroja por toneladas debajo de la alfombra de los suburbios y que habla de nuestra voracidad consumidora. Tampoco de la que revuelven miles de argentinos todas las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/02/trash-seselovsky.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1167" title="trash seselovsky" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/02/trash-seselovsky-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>La basura se ha  convertido en la crítica favorita de muchos intelectuales y razón de  escándalo en diversos programas de radio. Pero claro que no ésa que se  arroja por toneladas debajo de la alfombra de los suburbios y que habla  de nuestra voracidad consumidora. Tampoco de la que revuelven miles de  argentinos todas las noches para buscar el sustento entre las sobras que  derrama el modelo nacional y popular. La basura que verdaderamente  despierta  comentarios indignados de conciencia social es la de la  televisión argentina. <span id="more-1166"></span> Nada mejor que la TV de baja calidad para  estimular los pensamientos  más viscerales, la crítica más políticamente  adecuada, esa que deja la  sensación de que uno es culto por el simple  hecho de repudiar esos  programas llenos de <em>freaks </em>y de  historias vulgares. Como si pegarle a esos monigotes fuera un mérito  para acceder al parnaso de la gente bien piensante. ‘Pegale, que se ve  que les gusta’ parecen decir los que no se permiten ver el programa de  Anabella Ascar porque ellos solo usan la televisión para educarse.</p>
<p>Por suerte, Alejandro Seselovsky ve esos programas,  ve esos personajes y ve más allá. Como que demuestra que ver TV basura  no solo no te impide ser uno de los mejores cronistas que tiene el  periodismo argentino sino además escribir un libro  que ofrece razones   que la crítica fácil esquiva cuando habla de los mediáticos. Con el  espíritu loable del recuperador urbano, quiso reciclar esa “basura” que  el pontificante Juan Pablo no alcanza a contrarrestar con sus clases de  Heidegger en canal “<em>Encuentro</em>”, y le salió un libro, <a href="http://es-es.facebook.com/note.php?note_id=481112841344&amp;id=10150128780700693" target="_blank"><em>Trash</em></a>, que es una forma más cool de decir eso mismo.</p>
<p>Ahí  ves que el pibe no teme meter la mano en la bolsa de consorcio que  encierra a Lully Pop con Pampita Ardohain, Johnny Allon y el ex de  Adriana Aguirre, Ricardo Fort con Chiche Gelbung. Y no lo hizo una  noche, sino muchas en las que se metió ahí donde se amontona el relleno  sanitario de mediáticos, como la fiesta de Papparazzi. Y tan densa  experiencia le permite, de pronto, encontrar la clave que explica esa  costumbre de producir programas baratos con carne de cañón. Ya lo repite  Ken Brockam, el del noticiero de los Simpsons: en la búsqueda de la  verdad, los periodistas no dudan en enfrentar los más difíciles  desafíos. Uno de ellos encontró a Alejandro en la limosina contratada  por Sandy González, travesti más conocida su <em>supporting</em> rol en Mauro Viale <em>Alive</em>,  tratando de llegar a la XVII Marcha del orgullo gay de Buenos Aires.  Parece que ni el chofer ni la cana tenían muchas ganas de perpetrar el  crimen de jugar a Hollywood en Plaza de Mayo. Pero en el primer control  policial, la experta en sociología contemporánea González peló el  salvoconducto que abre las puertas en estos mundos líquidos:</p>
<p>-<em>Dejame pasar, soy conocida</em>.</p>
<p>Por  supuesto que la valla se abre, y Sandy amortiza los 150 mangos por hora  que le cobró el cuentapropista de la Lincoln Town Car Executive. Porque  si algo se cotiza en este mundo podrido es ser conocido. Que a veces es  equivalente de ser re-conocido. Por estos tiempos, nada hay más escaso  que la mirada del otro, ésa que te confirma “te estoy viendo, sos vos”,  condición insuficiente pero necesaria para ser alguien en esta sociedad  de nadies.</p>
<p>Lo más jodido de asumir para sus  detractores es que esta “basura” logró desde su escatología más cambios  sociales que muchos partidos revolucionarios. Ahora es fácil mandar la  gacetilla con el nuevo deneí de Florencia de la V(ega). Pero ¿quién le  puso el pecho de silicona a la lucha en los noventa?, ¿quién daba  espacio a la diversidad en esa época?, ¿cómo fue que mi diariero hoy  sonríe cómplice y no se escandaliza cuando me ofrece la revista con los  amoríos de Emiliano de <em>Gran Hermano</em> con una travesti? No fue  gracias a los documentales de los canales que no ve nadie, sino por los  cachetazos de mal gusto con los que estos personajes irrumpieron en  nuestra vida. Lo lamentamos, pero nos salió así. ¿Podría haberse hecho  de otra manera? Y ahí me viene a la mente el recorrido tortuoso que  relata Osvaldo Bazán en su ineludible <em><a href="http://www.osvaldobazan.com/libros-publicados/" target="_blank">Historia de la homosexualidad en la Argentina</a></em>.  Con una honestidad intelectual de guapos, Osvaldo reconoce como hitos  televisivos de la lucha de la diversidad sexual dos programas que jamás  digeriría la mejor progresía: la entrevista que Mariano Grondona hizo a  Roberto Jáuregui en “<em>Hora clave</em>”, y sendas mesas de Mirtha  Legrand donde Roberto Piazza y Pepito Cibrián se expresaron con una  claridad lacerante que no se vio en otros espacios.</p>
<p>Menos  mal que existen periodistas como Osvaldo y Alejandro para recordarnos  que la vida aparece en todos los lugares. Especialmente en los ámbitos  más hostiles es donde muestra su mayor obstinación. No en vano hay  antropólogos contemporáneos que dicen que en la basura se encuentran los  perfiles más profundos e inconfesables de nuestra humanidad. Como en la  tele.</p>
<p>Publicada en<a href="http://hipercritico.com/content/view/3288/40/" target="_blank"> hipercritico.com</a>.</p>
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		<title>Reality sin realidad</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Jan 2011 11:32:27 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Una de las cosas fascinantes del reality show (RS) como género es que no admite medias tintas. Están quienes lo apoyan con tanta pasión que derrochan con gusto sus dineros en votaciones semanales. Y están los que los desprecian radicalmente. Estamos los que miramos con curiosidad este género en formación y los que argumentan que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/01/RSh_logos.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1123" title="RSh_logos" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/01/RSh_logos-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Una de las cosas fascinantes del <em>reality show</em> (RS) como género es que no admite medias tintas. Están quienes lo  apoyan con tanta pasión que derrochan con gusto sus dineros en  votaciones semanales. Y están los que los desprecian radicalmente.  Estamos los que miramos con curiosidad este género en formación y los  que argumentan que la televisión es ficción o no ficción y que no  debería haber nada en el medio. Estamos los que podemos divertirnos un  rato con ellos y <span id="more-1122"></span> los que los detestan al punto de que no los pueden ni  ver. Lo que no pueden negar unos y otros es que algunas propuestas traen  cierta frescura a una televisión que se repite demasiado. Cuando es  producido con alguna calidad, con ciertas reglas de juego bien pensadas y  con buenos recursos visuales y escenográficos sale algo interesante.  Pero cuando se trata de un rejunte de malas ideas, con conductores sin  talento y sin rumbo, y con castings que pretenden reproducir las siete  plagas de Egipto en un bloque sin cortes, eso no es reality show. Eso es  un mal programa, cualquiera sea el género al que se afilie.</p>
<p>Pero claro, en estas tórridas noches de verano, aun  esas malas propuestas suelen detener un rato el control remoto. Somos  muchos los que pasamos las vacaciones con el miembro de la familia al  que le dedicamos la mayor parte del tiempo libre (me refiero al 98% de  hogares argentinos que tienen televisor, no los que mantienen un  celibato del aparato). A ellos dedicamos estas advertencias para  descubrir un auténtico reality show (RS) de sus pésimos sucedáneos, que  intentan culpar al género de sus lamentables desatinos.</p>
<p>Para detectar un reality trucho deben considerarse algunas características de los genuinos exponentes de la TV realidad:</p>
<p>-El  RS tiene un jurado de figuras con reconocidas competencias en la  cuestión que evalúan. Por ejemplo, en la edición del concurso para  cantantes “<em>American Idol</em>” que se verá a fin de enero por <em>Sony</em> se incorpora Steve Tyler, líder rockero de Aerosmith. En “<em>Soñando por bailar</em>”, la estrella que engalanaba el primer programa de eliminación era Carolina “Pampita” Ardohain.</p>
<p>-El RS tiene por principal mérito sumar al programa a gente que está afuera de la televisión, como Leandro, que se anotó en “<em>Gran Hermano 2011</em>”  sin haber visto ninguna de las ediciones anteriores. Su desconcierto  sobre el juego, sus prendas y nominaciones es lo que levantó el  rating, justamente porque sus puteadas no tenían maquillaje. Ahora,  cuando está hecho de gente que quiere hacer del reality su profesión, no  se trata de un casting de gente corriente, sino de un puñado de  personas cuyo talento no le alcanza más que para el ridículo.</p>
<p>-El  RS funciona con altos y bajos, momentos de nada que exaltan los  episodios donde los protagonistas expresan pasiones que son más  atractivas cuanto más similares sean a las de los espectadores. Cuanto  menos políticamente correctas sean las explosiones más interesantes  resultan: celos, iras, amores, mentiras. Todo lo que la televisión suele  estereotipar, cuando se cuela sin filtro por el RS, encanta a la  audiencia. Pero genera el efecto contrario cuando sus protagonistas van a  menos y se contienen en cierto pudor inexplicable para quien decidió  formar parte de un programa de televisión, como los participantes de “<em>El Referí de matrimonios</em>”.  O, lo que es mucho peor, hacen de la trasgresión el plato de todos los  días, entonces toooodo el tiempo se la pasan resaltando que el  participante es villero, carnicero, transexual, compulsivo, comehombres,  o cualquiera de las cualidades que la producción consideró lo  suficientemente telegénicas.</p>
<p>-La televisión es un  artefacto que basa su éxito en proporcionar al espectador un buen  momento, o por lo menos, una distracción. El RS tiene como fortaleza la  de generar una identificación desde la emoción, desde la asimilación de  un sentimiento del participante que se parece al del televidente. Nada  más real para el televidente que la sonrisa o las lágrimas que le  provoca la pantalla. Su alegría es nuestra alegría. Por eso en “<em>Talento argentino</em>”,  Caty Fullop se la pasa diciendo a los concursantes “Disfrutalo”. O  Quique Teruel les dice “Que la pases bien cantando”, aunque después el  aspirante deba retirarse con tres cruces rojas de salida (si aparece un  papelón, se supera porque sabemos que el jurado es buena onda). Pero es  difícil soportar un programa a pura humillación, donde la frase más  repetida es “Esto es duro, chicos” o “Agustina, la estás pasando  horrible, ¿no?”, como insistió Viviana Canossa en su primera “gala”.  Claro, ella está convencida, porque así lo dijo, de que toda esa mala  onda es inevitable, “porque esto es un reality show, chicos”. No, Vivi,  es porque la producción decidió que suframos mucho.</p>
<p>-El  RS es de aficionados o de personas que, estando fuera, quieren jugar un  ratito a la televisión y ver cómo es eso de ser visto. Y suelen  desaparecer de nuestro recuerdo rápidamente después de la experiencia.  Las personas que trabajan de aspirante a famosos, que les dedican horas a  ver en qué programa pueden mostrar sus escasas gracias, que creen que  un RS puede ser el escalón para una ¿carrera?, esos son pichones de  mediáticos, especie que crece únicamente en la TV. Y ya sabemos, en  televisión cualquier similitud con la realidad ¡es pura coincidencia!</p>
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