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	<title>a los medios &#187; Consumo</title>
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		<title>a los medios &#187; Consumo</title>
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		<title>Indignate no es enojate</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Oct 2011 00:34:56 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Viernes antesala de fin de semana largo.  Vientos de primavera, de esos que ocurren sistemáticamente para octubre pero que la buena prensa que la estación omite de la consideración. Vuelos cancelados, postergados, desaparecidos de las pantallas que ese día no anunciaban las partidas. A mitad de la tarde se acumulan pasajeros en los pasillos, gente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/10/Hessel-indignate.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1411" title="Hessel indignate" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/10/Hessel-indignate-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Viernes antesala de fin  de semana largo.  Vientos de primavera, de esos que ocurren  sistemáticamente para octubre pero que la buena prensa que la estación  omite de la consideración. Vuelos cancelados, postergados, desaparecidos  de las pantallas que ese día no anunciaban las partidas. A mitad de la  tarde se acumulan pasajeros en los pasillos, gente de paso en lugares de  paso, diseñados para rodar y no para permanecer horas tras horas  con  la ansiedad del destino incierto. ¿Saldrá el avión? ¿Y si no? ¿Cuándo?  ¿Dónde fueron a parar las valijas despachadas? <span id="more-1410"></span>¿Dónde habrá un ser  humano que pueda responder alguna de estas dudas existenciales? El único  ser vivo del lado del otro lado de los mostradores es el pobre señor de  la seguridad privada, que podría haberle tocado cuidar la capilla, pero  ese día lo asignaron al ingreso a la zona de embarque.  Y a recibir  toda clase de quejas, malhumor, empujones, insultos en portugués,   italiano, e intensamente en argentino. Justo el que menos tenía que ver  con todo eso.</p>
<p>Las filas apretujadas crecen y crecen en ese desierto  de empleados con la persistencia que da la ansiedad y el desconcierto.  Sentarse sobre la valija frente al chequeo es más confortable que  hacerlo en un pasillo y resignarse a que pasen sobre los pies una y otra  vez las rueditas de los que creen que en movimiento el tiempo pasa más  rápido. Todos esperan que en algún momento aparezca algún uniforme que  no sea el de los mozos que despachan medialunas como si fuera el último  alimento antes del fin. Los de la mañana ya se resignaron a tirarse en  el piso, contra el vidrio que hace ángulo agudo porque no está diseñado  para apoyar la espalda. Pero después de medio día de espera, son los  treinta centímetros más acogedores que el aeroparque concede. Frente a  la oficina de Aerolíneas Argentinas, la gente  levanta los puños con un  comprobante de embarque inútil. Cada veinte minutos el altoparlante  comunica a los pasajeros que las demoras se deben a razones  meteorológicas ajenas a la voluntad de la compañía (bueno sería que  tuviera algo que ver) y pide disculpas por los inconvenientes  ocasionados. Después de ocho horas de incomodidades y desinformación, la  repetición sonaba más a cargada que a sincera disculpa.</p>
<p>Y   estalló la ira. Uno de barba intensa y ropa invernal puteaba como para  que lo escucharan en el aeropuerto de destino. Con voz penetrante y  sintaxis asamblearia reclamaba por la falta de información.  Y atrás de  una puteada impecable agregó que era intolerable pasar el día en un  lugar donde cobran “$72 el café con leche”. Otro revoleó furia  equivalente en una piña certera que recibió el único uniforme de  Aerolíneas Argentinas que había asomado en varias horas. Empujones.  Valijas derribadas. Turistas extranjeros maldiciendo el operador que le  había sugerido Calafate como destino único en el mundo.  Si antes no  había ningún empleado,  después del evento quedaron menos.</p>
<p>Debajo  de las pantallas que seguían sin informar la hora de salida de ningún  vuelo, algunos se ufanaban del episodio. “Hay que matarlos/ despedirlos/  romperle la cara a todos”.  Se creían de los indignados por ser clase  media en situación de protesta. Pero esa locura nada tiene que ver con  los indignados del mundo. <a href="http://es-es.facebook.com/indignate" target="_blank">Stéphane Hessel  en el manifiesto</a> que inspira las movilizaciones que vemos por estos días aclara  expresamente que la indignación no tiene nada que ver con la ira: “la  violencia da la espalda a la esperanza. Hay que dotar a la esperanza de  confianza, la confianza en la no violencia”. Y aclara luego “Es por esta  razón que no deberíamos acumular mucho odio”. Pero claro, era poco  probable que lo hubiera leído el energúmeno de corbata que maltrataba al  pobre tipo de seguridad que de tan pobre no podía escaparse de la  ingrata tarea que le había tocado ese día. Porque hasta el último de los  empleados de Aerolíneas se pudo guardar durante el caos. Pero el  infeliz de la empresa tercerizada (también en aeroparque se agita el  fantasma de Mariano Ferreyra) tenía que arreglárselas con un papelito  mal escrito con los vuelos cancelados y la garganta apretada del miedo  que le daba la turba que insistía en embarcarse en aviones que estaban  cancelados.</p>
<p>La furia que desatan episodios de  violencia alrededor del transporte público es llamativa. Se supone que  cuando pasa en los molinetes del subte o en la estación del tren  conurbano son infiltrados, militantes, forajidos, masa obrera ignorante.  ¿Quiénes eran los que estallaban en el aeroparque el 7 de octubre?  Todos estaban muy nerviosos, enojados profundamente con ¿la situación?,  ¿el clima?, ¿la compañía?, ¿la falta de información? ¿Qué es lo que  enojaba tanto a gente que viaja en avión el día previo a un fin de  semana largo? ¿Qué enoja tanto a gente que correspondería a la franja  social más satisfecha, según venían repitiendo las encuestas y análisis  electorales? ¿No estábamos felices? El nuevo humor social está un tanto  susceptible.</p>
<pre style="text-align: center;"><a href="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/10/IMG-20111007-00138.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-1412" title="IMG-20111007-00138" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/10/IMG-20111007-00138-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Información de vuelos cancelados en Aeroparque el 7 de octubre de 2011.</pre>
<p>Publicada en http://hipercritico.com/content/view/3850/61/</p>
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		<title>Marketing enigmático</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Nov 2010 18:36:09 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Me llegó un tuit a mi nombre que decía lo siguiente: @adrianacatedraa TeamHUGETitties lol RT upenzi: digging biscuit crumbs out of my bra. thanks chickfila =) http://tlny.1k.ru/FN3T7 Los que hicieron click en el enlace ya se enteraron de qué se trataba. A los otros los felicito porque evidentemente controlan la curiosidad de una manera que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me llegó un tuit a mi nombre que decía lo siguiente:</p>
<div>
<blockquote>
<div>@<a rel="nofollow" href="http://twitter.com/adrianacatedraa">adrianacatedraa</a> TeamHUGETitties lol RT upenzi: digging biscuit crumbs out of my bra.  thanks chickfila =) <a title="http://www.twitlonger.com/show/3empt0/" rel="nofollow" href="http://tlny.1k.ru/FN3T7" target="_blank">http://tlny.1k.ru/FN3T7</a></div>
</blockquote>
</div>
<div>Los que hicieron click en el enlace ya se enteraron de qué se trataba. <span id="more-1068"></span>A los otros los felicito porque evidentemente controlan la curiosidad de una manera que yo no pude hacer. Ahora no sé si ponerme contenta por haber sido elegida para un producto tan <em>cool</em>, o deprimirme porque le presto atención hasta avisos publicitarios que no entiendo. Los creativos del mercadeo no paran de sorprenderme.</div>
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		<title>Croto chic</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Jun 2010 12:46:18 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Vida de consumo]]></category>
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		<description><![CDATA[La primera década del siglo XXI ha creado un estilo que se esfuerza por diferenciarse de la tristemente famosa “del noventa”. Y así como entonces el signo era la ostentación, la marca de autor, el estreno, ahora la onda es la discreción, el eclecticismo, lo usado. Por eso en los boliches más cool de Palermo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/C13_2010-Para-vestir-santos.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-829" style="margin: 3px;" title="C13_2010 Para vestir santos" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2010/06/C13_2010-Para-vestir-santos-150x150.jpg" alt="C13_2010 Para vestir santos" width="150" height="150" /></a>La primera década del  siglo XXI ha creado un estilo que se esfuerza por diferenciarse de la  tristemente famosa “del noventa”. Y así como entonces el signo era la  ostentación, la marca de autor, el estreno, ahora la onda es la  discreción, el eclecticismo, lo usado. Por eso en los boliches más cool  de Palermo Hollywood, la onda son los muebles viejos (que no es lo mismo  que antiguos), en lo posible cachudos, de materiales poco nobles como  vinilos y cromados. En esos espacios se lleva mucho el sillón de  cuerina, la mesa ratona sesentosa con tapa de marmol ónix, los plásticos  colorinches, ¡las carpetitas de crochet! <span id="more-827"></span>Esa mesa horrible donde  tomabas el Vascolet en la casa de tía Adela, ahora queda divina en esa  foto de <a href="http://www.casachaucha.com.ar/" target="_blank">Casa  Chaucha</a>, pintada de colorado, con la Mac blanca y la lámpara  Ptolomeo encima. Sus cultores llaman a este estilo “casa popular”,  aunque claro que no se refieren a una vivienda tipo de una barriada  conurbana. Generalmente es una casa armada con los rejuntes de familias  bien, que pasan los muebles que renuevan en herencia anticipada para los  jóvenes que salen del nido.</p>
<p align="justify">En la tele, es la casa donde viven las chicas de “<em>Para  vestir santos</em>”. Que en realidad es una auténtica falsa casa de  barrio. La insistencia de los productores con el mantel de hule, el  verde esmeralda, la fórmica y los muebles de Cotolengo dan cuenta de que  los chicos de ahora adoran el <em>kitsch</em>, y lo transforman en  camp. O sea, creen que es canchero honrar lo horrible/<em>kitsch</em> de  los objetos de la producción masiva. Tener un enano de jardín en el  balcón con vista al río es lo más, verlo en las casas del conurbano es  divertiiiiido. Pero para mucha gente es un destino de pobreza que no  causa ninguna gracia.</p>
<p align="justify">Lo mismo pasa con las  pilchas. Como las que usan Griselda Siciliani o Celeste Cid, para  convencernos de que son chicas de barrio. Pero esa ropa popular,  imitación de ropa vieja (<a href="http://www.kosiuko.com/" target="_blank">Retro rock</a>; retro chic, retro…) cuesta una fortuna.  Muchas marcas aprovecharon esta vocación de pobreza de los chicos ricos y  les ofrecen pantalones agujereados y camisolas arrugadas a precios de  shopping. La onda no solo es andar con algo que parezca estropeado, sino  que parezca reciclado, reusado, “vintage, ¿viste?”. Quizás para  sentirse más a tono con estas épocas de crisis, suelen estrenar  modelitos que intentan aparentar las pilchas que usaban sus padres  cuando iban al recital de Virus. O van a bailar con un simil del equipo  de tres tiras, hecho de polyester parecido al que usaba su mamá para  hacer gimnasia. Pero de la última colección de la marca.</p>
<p align="justify">El “croto-chic” es un estilo que se lleva en los barrios  del norte, en las universidades de elite, en los colegios  universitarios, en los actos de la Cámpora. Es un falso vintage, en la  medida en que es un envejecido industrial, amenizado con algún objeto  del placard de los abuelos. Un gamulán del viejo, el Seiko que le  regalaron cuando se recibió, los Risky de mamá, las carteritas viejas de  la abuela que están impecables, porque son de buena factura. Es la  Havaiana, que en Brasil es calzado popular pero acá las usan las chicas  combinadas con un jean que pagaría más de una asignación universal. Una  prueba irrefutable de esto es que podés ver nenas de Havaianas en el  Subte D que va a Belgrano, pero difícilmente encontrarías una en la cola  del colectivo en Liniers.</p>
<p align="justify">La muchachada  auténticamente popular ya tiene bastante con ser pobre, como para gastar  plata para parecerlo. Cuando tienen unos mangos los invierten en ropa  bien nueva, bien de marca, que es en definitiva uno de los pocos gustos  que esta sociedad les consiente. El croto canchero es para quien quiere  sentirse nac&amp;pop, quien necesita de la tranquilidad espiritual que  le proporciona esta pseudo austeridad de marrones y grises, con la que  marcan diferencia con la ostentación de la generación de sus padres.  Esta rebeldía juvenil no se la iban a perder las marcas, que saben bien,  como decía Naomi Klein, vender a los niños ricos la marginalidad de los  chicos pobres, y ponerle el logotipo glamoroso que convierte en  deseable todo lo que toca. Y que no discrimina ni a pobres y ni a ricos  (claro pero por diferentes razones).</p>
<p>Publicado en <a href="http://hipercritico.com/content/view/2686/40/" target="_blank">Hipercrítico</a></p>
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		<title>Viajar en la bandera</title>
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		<pubDate>Wed, 19 May 2010 18:03:42 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Todos sabemos que viajar en transporte público en Argentina es bravo. Cada tanto aparecen notas que muestran gente apiñada, empujada, demorada, maltratada en trenes, colectivos y/o subtes. Pero poco se habla de cómo se viaja en el transporte público aéreo. Podrán decir que no se puede comparar el lujo de tomarse un avión con la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/AA-desde-el-avión.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-814" style="margin: 3px;" title="AA desde el avión" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2010/05/AA-desde-el-avión-150x150.jpg" alt="AA desde el avión" width="150" height="150" /></a>Todos sabemos que  viajar en transporte público en Argentina es bravo. Cada tanto aparecen  notas que muestran gente apiñada, empujada, demorada, maltratada en  trenes, colectivos y/o subtes. Pero poco se habla de cómo se viaja en el  transporte público aéreo. Podrán decir que no se puede comparar el lujo  de tomarse un avión con la obligación de subirse al 136 todas las  mañanas. Es cierto, pero también lo es que 1) los aviones se pueden  tomar por trabajo, no sólo por el placer de viajar; y 2) una cosa es un  servicio deficiente sobre cuatro ruedas con la posibilidad de bajarte en  la esquina si la cosa se pone fea, y otra muy distinta es estar  encerrada en una lata en sustentación sobre el Atlántico a diez mil  metros de altura.  <span id="more-813"></span></p>
<p align="justify">Para colmo, unos te recuerdan todos los días que la  aerolínea <a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1265065" target="_blank">pierde $ 4,2 millones por día</a>, y otros, con el mismo  entusiasmo que es “de bandera”. ¿Será por eso que nos tratan como  trapos? Porque si sufren los pasajeros imaginen los tripulantes que hace  años que no le renuevan el uniforme y vienen poniéndole el cuero al  polyester desde la anterior administración. Ahora que parece que  hicieron <a href="http://xcolectivo.blogspot.com/2010/05/volaron-en-conjunto-13.html" target="_blank">records de vuelos</a>, sería bueno que les cambiaran a  las aeromozas esos zapatitos que acumulan tantas horas de vuelo y cambio  de medias suelas. Viéndole no más los tacos vencidos se entiende de qué  se trata eso de la fatiga de los materiales. Quizás con ropa nueva la  tripulación volvería a sonreír, para tranquilidad del pasaje. Porque  cualquiera que tenga cierta aprensión a volar sabe que los detalles son  cruciales. Especialmente aquellos que delatan el recorte de gastos. Pero  una cosa es cambiar el refrigerio en los vuelos locales por un  budincito sin envoltorio entregado en mano. Y otra es ver los sacos  gastados en los codos, las alfombras con manchas históricas, las  instalaciones que acusan el paso del tiempo. Cruzás los dedos y pensás  “Ojalá que la plata que se están ahorrando la inviertan en el  mantenimiento del avión”. Ojalá.</p>
<p align="justify">Para colmo el  viajero frecuente conoce que en otras aerolíneas (incluso las de acá  nomás) los empleados atienden solícitos los pedidos aunque más no sea  trayendo un vasito de agua y revisan maternales que estén los cinturones  abrochados. Hasta parecen disfrutar de su trabajo. Más aun, en la  mayoría de las aerolíneas el pasajero puede distraer la tensión de a  bordo con un rico sanguchito o un video para pasar el rato. Pero en el  Boeing 747-400 Barajas-Ezeiza de la aerolínea de bandera, nada de eso  fue posible. Los monitores de 14 pulgadas del pasillo apenas si exhibían  una imagen pixelada de un avioncito en el medio del océano. La comida  no sólo era poca y mala, sino que la sirvieron como si estuviéramos en  un campamento, sacando unos panes de goma espuma de una bolsa de  plástico y tirándolos sobre las bandejas de los pasajeros. Películas  tampoco había, a pesar de que estaban anunciadas en las dos revistas del  asiento. Porque en Aerolíneas Argentinas no hay una revista: ¡hay dos!,  la de siempre y una que sale hace un año, de un grupo editorial que  hace con el gobierno nacional mejores negocios que Marsans. Pero a pesar  de tal exceso de lectura, no cuidaron un detalle: no funcionaba la luz  en toda la fila de la derecha. Cuando parte del pasaje inquieto  preguntaba sobre el percance, el mismo aeromozo que revoleó los  miñoncitos de la cena contestaba:“Todo en su medida y armoniosamente,  señor”. “Todo en su medida y armoniosamente, señora”. Aha. No daba para  preguntarle si el mismo desperfecto hacía que no se viera ninguna luz de  posición en el ala que se sospechaba desde mi ventanilla. En  comparación con eso, qué me iba a quejar de que no tuve luz para leer  “Cielos argentinos”. Eso sí, cuando aterrizó, el capitán nos recordó que  el vuelo había llegado puntualmente. Como si esperara que le  agradeciéramos por eso.</p>
<p>Hay que decir que cuando  se llama a la oficina comercial en España, una voz seductora amenaza  “Aerolíneas, más que nunca argentinas”. Estuve un rato largo escuchando el  eslogan mientras intentaba conseguir un <em>upgrade</em> que me  rescatara del ambiente tren al conurbano de la cabina turista. Pero nada,  para poder gastar los puntos para pasar a una “categoría superior” tenía  que pagar varios cientos de dólares más, lo que hubiera llevado el  pasaje a precio de Concorde. Obvio que hice la queja, pero en la página  web, porque en el teléfono de acá tampoco atienden. Minutos y minutos  escuchando “Nuestro destino es volver a ser argentinos” me obligaron a  repensar qué relación existe entre la argentinidad y el sufrido oficio  de viajar. Porque hasta el boleto del bondi te recuerda que eso que  recibís por servicio <a href="../ufa-con-la-comunicacion/18-05-2010/%C2%BFque-me-quieren-decir/" target="_blank">¡tiene subsidio estatal</a>!. ¿Y para qué? También  pensé que sólo el pasajero argentino tiene la extraña costumbre de  aplaudir cuando el tren de aterrizaje toca la pista. ¿Será porque  sienten que es un milagro volver a casa?</p>
<p>Nota publicada en <a href="http://hipercritico.com/content/view/2639/61/" target="_blank">Hipercrítico</a></p>
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		<title>Paraísos del consumo</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Feb 2010 11:55:08 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Paraíso 1: Supermercado del hágalo ud. mismo. Un comprador presenta en caja un cupón que le dieron en premio a otra compra anterior que indica un “15% de descuento” en letra de dos centímetros. Vacía su carro entusiasmado pero el 15% del supermercado es bastante menos que el 15% de lo comprado. Se interrumpe la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-642" title="Falabella_prioridad feb2010" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2010/02/Falabella_prioridad-feb20103-150x150.jpg" alt="Falabella_prioridad feb2010" width="150" height="150" />Paraíso 1: Supermercado del hágalo ud. mismo. Un comprador presenta en caja un cupón que le dieron en premio a otra compra anterior que indica un “15% de descuento” en letra de dos centímetros. Vacía su carro entusiasmado pero el 15% del supermercado es bastante menos que el 15% de lo comprado. Se interrumpe la cola y se convoca al supervisor que está acostumbrado a enumerar las exclusiones de descuentos y cupones. Que casi nunca coinciden con las cosas que uno necesita comprar. [Nota completa en <a href="http://hipercritico.com/content/view/2375/40/" target="_blank">Hipercrítico</a>]<span id="more-638"></span></p>
<p>Paraíso 2: Cadena internacional de comercio minorista. Ropa, menaje, decoración, muebles, electrodomésticos. Quince mil metros cuadrados de consumo atorados en unas pocas cajas atendidas por sufridas criaturas que deben cobrar, empacar y atender el fastidio de quienes tardan en pagar el triple de lo que les llevó elegir la compra. Una caja promete “Prioridad electrodomésticos”, pero como había una sola niña atendiendo a las compras enchufables, en la práctica se convertía en “Demora electrodomésticos”. Gracias al ingenioso sistema el que había comprado un peluche pagaba prontamente su compra mientras los “prioritarios” que iban a gastar una fortuna en una heladera o un plasma, formaban una fila peor atendida que la de los jubilados, que en algunos bancos por lo menos tienen asiento.</p>
<p>Paraíso 3: Mega mercado recientemente inaugurado. Metros y metros destinados a las marcas topísimas. Pantallas, vidrieras, trapos incansables que mantienen los pisos inmaculados. Cocheras interminables, con un sistema de alertas lumínicas para encontrar rápidamente el lugar vacío. Todo bien hasta que querés abandonar el paraíso. Los 2.500 autos deben pagar el ticket a un único cajero de la única caja habilitada un sábado de enero a la tarde, que pone la cara por la corporación a la furia de los paseantes, nerviosos porque cada minuto de la interminable espera se le factura en concepto de estacionamiento.</p>
<p>Paraíso 4: Barrio dedicado a los materiales de la construcción en el oeste porteño. Cualquier compra en la zona, aunque se trate de una canilla, no baja de tres dígitos. Los grandes locales admiten todos los medios electrónicos pero son caros y tienen los males que enumeramos. Los negocios que ofrecen precios convenientes y atención campechana no aceptan pago electrónico de ningún tipo. Ni un cajero en veinte cuadras a la redonda, y si lo hubiera, el límite de extracción no alcanzaría más que para una parte de la compra. ¿Quién era que había dicho que “en este país es difícil estar en blanco”?</p>
<p>Asombrosamente las cifras muestran que el consumo crece a pesar de que el consumidor argentino es sistemáticamente maltratado en su obstinada costumbre de comprar. O de pagar, que en Argentina no es nada fácil. Requiere:</p>
<p>·         Colas, esperas, amasijos, comisiones leoninas;</p>
<p>·         Identificaciones molestas: ni el negocio más piojoso admite la tarjeta si no presentás un documento con validez nacional y si no completás el cupón con más datos que los que te piden en una entrada a la comisaría;</p>
<p>·         Liberar tu dinero del virtual corralito en el que lo tienen los bancos: si lo sacás por sucursal, los bancos te penalizan con cargos extras. Para sacarlo por cajero, primero tenés que encontrar uno de tu banco, para que no te cobren fortunas por la extracción de tu propio dinero, y en el milagroso caso de que funcione,  que lo que te permita sacar te alcance para pagar algo.</p>
<p>Hasta la compra de un boleto ha transformado al viajante en un especialista en numismática obligado a coleccionar monedas y monedas para que se le conceda el premio de viajar en colectivo. Si la compra tiene tan poca colaboración de los comerciantes beneficiados en las transacciones, qué clemencia podremos esperar para los reclamos, devoluciones y cambios. Si así se trata a los que tienen un manguito para gastar, qué harán con los que tienen que pedir prestado. Si este es el paraíso, “el infierno está encantador”…</p>
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