No pienses en gay
No hay derechos on Jul. 7th, 2010
El otro día Osvaldo Bazán recordaba en twitter que los derechos humanos no se plebiscitan, en respuesta a la propuesta de someter a consulta pública la ley sobre la libertad de matrimonio. Hoy no todas las personas son libres de contraerlo, sino solamente aquellos que según las estadísticas matrimoniales son los que menos tienen ganas de casarse. A pesar de que el derecho a una familia es indiscutiblemente universal, el tema desató una polémica tan visceral como cuando discutimos si las mujeres teníamos que votar, o los negros usar el mismo transporte que los blancos.
¿Por qué un derecho humano tiene tanta resistencia de una parte de la sociedad? ¿Por qué en lugar de celebrar este acto de justicia para la ciudadanía hoy obligada a mantener su amor fuera de las instituciones, hay voces aferradas a defender lo contrario? Como las respuestas aparecen donde menos se esperan, la encontré en la conferencia que Manuel Castells ofreció en Buenos Aires. Este eminente sociólogo recordó que las sociedades resuelven sus cuestiones públicas no en base a una discusión racional, sino por sus marcos de pensamiento, que es lo que habitualmente llamamos “sentido común”. De hecho, decía Castells, “La mayoría de las personas no van a los medios a informarse sino a ratificar sus opiniones”, tan poderosos y condicionantes son estos marcos.
El que mejor estudia cómo funcionan es George Lakoff, que justamente analizó la discusión sobre este tema en Estados Unidos y encontró la clave de por qué el progresismo no pudo evitar que los conservadores llegaran incluso a prohibir el matrimonio para todos en algunos estados. El libro en el que hace el análisis sobre el marco de pensamiento del “matrimonio gay” se llama con una frase que demuestra la hipótesis del lingüista: “No pienses en un elefante”. ¿Qué es lo primero que se les vino a la mente cuando la leyeron? Claro, ¡un elefante! Lo que viene a demostrar que la simple mención del asunto, aunque sea en su negación, lo trae a la cabeza justamente cuando quisiéramos que el interlocutor lo olvidara. ¿O qué fue lo primero que pensaron cuando leyeron el título de esta nota?
Lo mismo pasa con la discusión del derecho de todos a casarse cuando se encasilla en la idea “matrimonio gay”. Lakoff sostiene que es un concepto que en Estados Unidos usaba la derecha y que despertaba el mayor rechazo de las personas que no tenían posición tomada al respecto. Según el lingüista, “matrimonio gay” alude indefectiblemente a dos estereotipos que despiertan rechazo. De matrimonio ya sabemos que para defender la exclusividad heterosexual muchos que no agarran un diccionario hace años recurrieron a una dudosa etimología (¿vendrán luego a sacarnos el “patrimonio” a las mujeres?). En realidad lo que hacen es justificar desde el “sentido común”, que habla de lo malo conocido. El otro estereotipo es aun más escandalizante para muchos: la palabra “gay” suele estar asociada a la vida desenfrenada, al sexo irresponsable, a la diversión. Dice Lakoff que por más que se desmienta estos prejuicios con datos y testimonios, ¡el marco prevalece por sobre los hechos! simplemente por traerlo a la discusión.
El camino, dice Lakoff, es cambiar el marco. Aceptar la discusión en términos de “matrimonio gay” es limitar el debate a los términos más conservadores, es reforzar mentalmente la posición de los detractores. Piensen cuánto cambiaría la discusión si los periodistas preguntáramos desde el marco positivo, por ejemplo, desde la “Libertad para casarse” con planteos del tipo:
-¿Te parece que el Estado debería decirle a alguien con quién se puede casar y con quién no?
-¿No pensás que la libertad para casarse es una cuestión de igualdad de derechos ante la ley?
-¿Es bueno para la sociedad que dos personas que se aman puedan asumir un compromiso público?
En un mundo de desencuentros, de relaciones superficiales, de tanta gente que le escapa al compromiso afectivo, que haya un grupo que defiende con tanto entusiasmo el amor, la unión para toda la vida, la posibilidad de armar una familia, es una de las mejores noticias que leí en mucho tiempo. Yo quiero vivir en una sociedad donde el amor sea el marco conceptual.
Publicada en Hipercrítico

Exelente artículo. Yo también quiero vivir en una sociedad así, y me gustaría decir el tópico de “entre todos lo lograremos” pero paecer ser que hay bastante gente empeñada en sustituir el amor por odio y miedo.
[...] Basa sus conclusiones en los estudios de lingüística cognitiva y en cómo los marcos de pensamiento operan en el procesamiento de información. Un referente de esta corriente es George Lakoff que ha elaborado un análisis interesante de cómo interactúan los marcos y la comunicación pública en la política. El libro de Lakoff No pienses en un elefante analiza especialmente la campaña política norteamericana de los últimos tiempos, e incluye reflexiones sobre temas de debate como la libertad de matrimonio, que perfectamente podrían extrapolarse a la discusión que se está desarrollando por estos días en Argentina [ver nota "No pienses en gay"]. [...]
que buen texto.
La loca idea de desenmarañar el nudo del problema de las libertades, que afortunadamente se instaló en la opinión pública a raíz del “matrimonio gay”, ocupa gran parte de mis reflexiones. (Sí, sí: quiero salvar a la humanidad y dispongo de bastante tiempo) Pero en todas mis elucubraciones, lo lingüístico había pasado inadvertido; en lugar de pensar en el marco conceptual, estaba empecinada en echarle la culpa al marco jurídico.
¿Mi hipótesis? En el siglo XXI, con una sociedad informatizada, globalizada, mediática y mediatizada (en la que los más ricos se dan el lujo de planificar vacaciones en el espacio exterior) es inútil legislar con un marco de derecho apoyado en el antiguo derecho romano (quiero reclacar: previo al Imperio Romano).
De tanto pensar en la ley jurídica me olvidé de reparar en la ley del Otro. ¡Voy a tener que leer más libros ahora para salvar al mundo!
Interesante articulo
Muy buen artículo.
Además, debemos tener en cuenta que, más allá de que algunas personas estan en contra del matrimonio gay, muchos de los argumentos que señalan no tienen un análisis de trasfondo, creo que en mayor medida por utilizar abusivamente de este recurso: el sentido común.
Los sociológos dicen que el sentido común aporta muchos conocimientos para comprendernos como sociedad y de hecho la sociología se basa en refutar, afirmar o completar estos conocimientos.
Se escuchó mucho decir que el matrimonio gay es antinatural y yo me preguntaba, ¿Qué es lo natural hoy en día?, como si el matrimonio fuera algo natural.
El sólo hecho de vestirnos, de comprometernos unos con otros, de tener contratos, diálogo, etc, demuestra que si pensamos un poco más a fondo, hoy en día en la sociedad no quedan muchas cosas naturales más que la satisfacción de las necesidades básicas (¡que también están “intervenidas”!).
Deebería haber más reflexión por parte de la sociedad para ser más justos y solidarios.
¡Buena nota!
Me encantó la nota, sobre todo el último párrafo! Apoyo lo de vivir en una sociedad donde el amor sea el marco conceptual!!
Gracias a todos por tan generosos comentarios. Lo mejor de todo es que muchos medios han empezado a dejar la denominación anterior por “matrimonio igualitario”. Hay esperanzas.
excelente, Adriana