Quién no padeció por radio o por TV la publicidad esa en la que un campechano empresario PyME comunica a sus empleados que los ha “regularizado” al grito de “Tudo bem, tudo legal”. La campaña publicitaria, firmada por la Administración Federal de Ingresos Públicos, apoya la idea de que el blanqueo aportará impuestos necesarios para las innumerables obras que la administración Fernández de Kirchner tiene en ejecución. A esa se suma la invitación que se hace intensamente por las pantallas de televisión a que la ciudadanía aprecie las casi 700 escuelas terminadas o el plan de “Obras para todos los argentinos”, todas las cuales son posibles sólo si los ciudadanos pagamos los impuestos. Porque, como ya sabemos, éstos siempre vuelven en obras. O casi siempre.
Porque lo que parecía una política pública indiscutible (“Pague y hacemos”), resulta que tiene una excepción. Hace unos días, desde la Casa Rosada, “Anunciaron la cancelación de pasivos fiscales para pequeños y medianos medios de comunicación” . Y así nos enteramos de que hay un sector de la economía en el que los impuestos no se transforman en obras, sino que vuelven a la sociedad… en espacios publicitarios . Así como leen: cinco medios que mañana serán muchos más, recibieron oficialmente el beneficio de transformar sus deudas impositivas y previsionales en minutos de publicidad. Algo así como si el gracioso de la publicidad de la AFIP blanqueara a sus empleados pagando al estado con los bulones que fabrica.
La noticia pasó casi desapercibida en los medios, como confirma el sitio Diario sobre diarios. Al parecer, los medios habían sido beneficiados con un canje de deudas previsionales e impositivas de varios años. Más exactamente, que se acumulaban desde 2003 (¡justo desde el mismo año en que Tito trabaja en negro en la empresa de la publicidad!), cuando quedaron sin efecto los beneficios tributarios derivados de los planes de competitividad. Desde entonces, las empresas mediáticas esperan la resolución de los recursos legales interpuestos para revertir la medida y retrotraer la situación del sector al marco legal de Cavallo. Porque argumentan que, como los medios son esenciales para la democracia, deben tener consideraciones especiales, como por ejemplo, no pagar el IVA. O acceder a la renovación de licencias sin rendir cuentas. O comprar papel más barato que sus competidores. O pagar las cargas sociales de sus empleados en forma diferida.
Sin desconocer el valor democrático de los medios, no puedo evitar tener serias dudas de que todos se estén comportando a la altura de las obligaciones democráticas que argumentan para solicitar cada tanto algún premio del poder de turno. Ni siquiera llego a la suspicacia que puede despertar esta medida presidencial, “justo cuando el Gobierno se arrebata por informaciones que jamás supo aclarar -por ejemplo, origen, desarrollo y destino de los fondos de Santa Cruz-, y se rebela contra la prensa en general”, como planteó Roberto García, uno de los pocos periodistas que editorializó el tema. Simplemente estoy viendo una gran contradicción de los mensajes públicos.
Por un lado, vemos un descomunal esfuerzo publicitario para invitar a que el ciudadano común pague sus impuestos y regularice sus deudas. Por otro, me informan que esa publicidad a partir de ahora se pagará a cuenta de los impuestos adeudados de los mismos medios que vehiculizan los mensajes que propician el pago de los impuestos. Que, por si fuera poco, venían siendo los beneficiarios del millón de pesos diarios que el gobierno nacional gasta en publicidad. Resulta que con esta prebenda, gobierno y medios vienen a echar por tierra el espíritu de la política pública, y ambos nos gritan “hagan lo que les decimos, porque no pueden hacer lo que nosotros hacemos”.
La próxima vez que lo vea a don Carlos, el de la publicidad de la AFIP, va a ser difícil no pensar que es un gil, porque el dueño de ese medio por donde sale todos los días, desde el 27 de mayo de 2009, tiene un mejor plan de pagos que él. Y cuando escuche al locutor oficial diciendo “Aproveche la posibilidad de blanquear a su personal. Nunca hubo planes tan convenientes, tan graduales, tan tentadores”, sabré que para algunos hay planes más tentadores aun, como que blanquean, no solo “los primeros 8 empleados sin cargo”, sino todos de una vez, por obra y gracia de una única medida presidencial.

“¿Pagamos o no pagamos?”

  1. [...] preguntábamos si ¿Pagábamos o no? Y finalmente presentaron el plan de [...]