Ojalá pronto nos dejen de hinchar con publicidades en donde primero nos dicen que nos inflamos y después, que sólo ellos nos pueden desinflar, sin que nos den pruebas de una u otra circunstancia. Ocurre que la ANMAT acaba de dictar una nueva resolución que regula la publicidad de los conocidos como “alimentos funcionales”, que son aquellos que se promocionan con supuestas propiedades medicinales. Según informa el sitio Noticias de consumo, a partir de la Resolución 1631/09 quedará prohibido atribuirle a los alimentos:”…acciones y/o propiedades terapéuticas y/o inmunológicas, o sugieran que el alimento es un producto medicinal o mencionen que un alimento diagnostica, cura, calma, mitiga, alivia, previene o protege de una determinada enfermedad”.

Por si todavía a alguien le queda alguna duda de la exageración con que empresas como La Serenísima/Danone promocionan sus productos como supuestas soluciones a problemas inexistentes antes de que los inventaran en la publicidad (como el ¡tránsito lento!), este año una asociación de consumidores Foodwatch de Alemania le otorgó a Actimel el premio a la mentira publicitaria más osada. El premio se llama en alemán “Goldenen Windbeutel 2009″ (algo así como el Fanfarrón de oro) y la organización lo otorga en función de investigaciones e información que somete a la votación de los consumidores alemanes. Foodwatch le comunicó a Danone de Munich el resultado y desarrolló una acción frente al Concejo de Munich donde una botellita de Actimel con la leyenda “Yo no quiero ser más una mentira publicitaria” entregaba información a los paseantes.

Esto nos vuelve a confirmar que la ética de la comunicación publicitaria sigue sin ser parte de la Responsabilidad Social Empresaria de empresas y agencias de publicidad que no dudan en usar el miedo a las enfermedades para vender el mismo yogur de siempre fraccionado en pequeñas botellitas que triplican el precio del envase tradicional.