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	<title>a los medios &#187; Vida líquida y anfibia</title>
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		<title>Latinoamericanizada</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 02:22:06 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[¿Mar del Plata está feliz? podría preguntarse la ciudad en un aviso si no fuera porque una gaseosa le ganó de mano. Y debería estarlo porque en una semana tuvo un festival de cine de módica aspiración internacional, una feria del libro demasiado de cabotaje y los onomásticos juegos Evita. La ciudad está exultante en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/11/mardelplata-feria-rambla.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-1421 alignleft" title="mardelplata feria rambla" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/11/mardelplata-feria-rambla-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>¿Mar del Plata está  feliz? podría preguntarse la ciudad en un aviso si no fuera porque una  gaseosa le ganó de mano. Y debería estarlo porque en una semana tuvo un  festival de cine de módica aspiración internacional, una feria del libro  demasiado de cabotaje y los onomásticos juegos Evita. La ciudad está  exultante en noviembre, con suficiente sol para que esté brillante pero  aún sin la opacidad de la invasión turística del verano. Pero ¿está  feliz?  <span id="more-1419"></span></p>
<p>Mar del Plata es una ciudad testigo porque sabe  indicar como ninguna las épocas sociales que la atraviesan. Fue burguesa  cuando el patriciado construía sus mansiones normandas con brisa de  mar. Fue sindicalista como pocas cuando los obreros empezaron a gastar  ahí sus vacaciones. Fue playboy cuando Donald, Sandro y Enrique Carreras  filmaban las vacaciones setentistas con las olas y el viento. Fue  crítica su situación en las crisis. ¿Y hoy?</p>
<p>El  extraño de pelo largo y pantalón cargo que inauguraba la exhibición en  el viejo cine Ambassador me dio la clave. El señor tomó el micrófono, y  así de prepo, sin la cortesía de dar su nombre, usó de excusa una  película de Brasil para bajar su mensaje: él estaba contento porque  “ahora” el festival le iba a dedicar el espacio que merecía la cultura  que nos unía a los hermanos latinoamericanos, porque “ahora” se  escuchaban todas las voces, y por eso “ahora” podíamos ver estas  películas que hablaban de nosotros y de nuestros problemas. Se apagaron  las luces y nos dejó con dos mujeres en un pueblo abandonado en el  &#8220;sertão&#8221; brasileño, que dialogaban con los espíritus del pasado pero no  entre ellas, por eso no se ponían de acuerdo en enterrar un recién  nacido que la hija había traído muerto de la ciudad. El agobio que  crecía con el correr del filme estalló en quejas del público cuando la  protagonista degolló en primer plano la única gallina de su pobreza,  destinada al caldo que ofrecería a sus antepasados. Una viejita se  levantó indignada al grito “Ah, ¡no!, es lo único que faltaba” y se fue,  valiente, mientras los pusilánimes permanecimos tratando de dilucidar  cuánto teníamos de hermandad cultural con ese cine.</p>
<p>Salí  rumbo a los lobos marinos (que en el festival me dijeron que se llaman  Tony y Quique) con desasosiego pero con la inquietud de la cultura  común. Porque para eso están los festivales y sus portavoces, para  dejarte inquietudes. Y para entender que Mar del Plata también ahora  estaba encarnando el espíritu de la época. Evocando una samba que le  escuché a Caetano, caí en la cuenta de que la ciudad estaba, como la  programación, “americanizada”. Más precisamente, latinoamericanizada,  como otras ciudades que combinan sin culpa el mundo de los que pueden  más con el de los que cada vez pueden menos, que brindan espacios donde  los extremos sociales tienen algún encuentro.</p>
<p>La  ciudad, hacia el Torreón, reinauguró playas con superficies vidriadas  con vista a los monoambientes de lona que se alquilan en las playas.  Hacia el centro, reposeras y fichines. Al sur, franquicias gastronómicas  diferenciales. En el centro, tenedor libre, megapizzas, superpanchos,  triple milanga y demás desmesuras de la comida del hambre. Grandes  superficies con marcas de lujo en un extremo de la peatonal. Y en la  otra punta, a metros de la alfombra roja del Hotel Provincial, shopping a  cielo abierto donde esas marcas de lujo se conceden, truchas, al  comprador de los últimos escalones de la subsistencia. Donde se puede  conseguir unas Naik a trescientos pesos, un equipo Lacós a dos-ochenta y  unos anteojos Raiman a veinte. Todo en democráticos puestos de  idénticas dimensiones y toldos comunes que ofrecen también caracoles,  camisetas federadas, tatoos, sahumerios, tarot, termos, collares,  camisones, zapatillas con resortes, con tiras, con logos. Zapatillas y  libros (la colección completa de Stamateas y Majul en auténticas  “ediciones rústicas”). Y polímeros. Polímeros en todas sus  manifestaciones.</p>
<p>La ciudad levanta los ojos hasta  más allá de la playa como para no ver a los mercaderes. Las marcas hacen  la vista gorda a su propio plagio y conceden a mitad de precio  mercaderías ilusorias para que el pobre juegue a ser consumidor VIP en  esos shopping centers de la vereda. La autoridad cede espacios  municipales al nuevo opio de los pueblos, el consumo que apacigua la  pobreza contingente del comprador y el vendedor, que disfrazan con  baratijas la falta de una opción mejor. El mercado sabe que en la  falsificación está su lozanía y deja hacer. En los pasillos de la  Saladita del Atlántico no estás en Mar del Plata. Estás en cualquier  ciudad de Latinoamérica, en cualquier salida de estación de transporte,  en cualquier mercado de abalorios. En el no lugar de las no clases. Ahí  sí, en el Paseo de compras Rambla Casino, está la cultura que nos  hermana.</p>
<p>Publicada en http://hipercritico.com/content/view/3890/61/</p>
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		<title>Argentino al medio</title>
		<link>http://www.alosmedios.com.ar/hipercritica/03-03-2011/argentino-al-medio/</link>
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		<pubDate>Thu, 03 Mar 2011 21:22:17 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Vida de consumo]]></category>
		<category><![CDATA[Por ser pobre]]></category>

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		<description><![CDATA[En un ejercicio de sociología en ojotas el diario La Nación presentó un análisis del “argentino medio”. Que, según dice la nota, parece encarnar perfectamente Marcelo Tinelli. Así en los noventa como en el nuevo siglo (por ahí ése sea el secreto de su éxito, que tanto tratamos de descular). Hay que decir que nadie [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/03/argentino.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1177" title="argentino" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/03/argentino-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a> En un ejercicio de sociología en ojotas el diario <em>La Nación</em> presentó un <a href="http://www.lanacion.com.ar/1353232-el-perfil-del-argentino-medio-siglo-xxi" target="_blank">análisis del “argentino medio</a>”.  Que, según dice la nota, parece encarnar perfectamente Marcelo Tinelli.  Así en los noventa como en el nuevo siglo (por ahí ése sea el secreto  de su éxito, que tanto tratamos de descular). Hay que decir que nadie  creyó demasiado en el perfil. Ni siquiera los mismos lectores del  diario, que en tres días escribieron 150 mensajes airados porque sentían  que no encajaban en la media propuesta. <span id="more-1176"></span>No necesito aclarar que  personalmente no doy argentino medio, es más, ni llego al cuarto. Pero  hay una riqueza antropológica en el artículo que sería una pena dejar  pasar.</p>
<p>El análisis se basa en la comparación de los   consumos ideales de las dos últimas décadas. Parece que el perfil del  consumidor perfecto cambió como las preferencias de colores: del dorado  en los noventa al plateado en este siglo, esto es,  perdió valor pero no  resignó brillo. El “argentino medio” cambió las marcas que le consentía  el unoauno (Versace, Calvin Klein) por las del compre argentino,  pero  claro, no las que venden en Munro sino las que cotizan en dólares  (Etiqueta Negra, Paula). La mirada hacia el norte persiste (¿a dónde  vamos a mirar nosotros que tan abajo nos ubicaron?), pero abandonamos el  eje americano que nos llevaba a Miami con escala en Cancún, para soñar  con otros destinos igual de fabricados pero en escenarios que disimulan  la “tradición inventada” como diría Hobsbawm. Porque Barcelona es al  patrimonio histórico europeo lo que Caminito al porteño, y no lo digo  yo, sino que pueden <a href="http://www.tonipuig.com/citymarketing.html" target="_blank">preguntarle a Toni Puig</a> que explica a quien quiera escucharlo cómo esa ciudad inventó un pasado  que no tenía para competir con otros destinos europeos. Con lo cual  vendríamos a confirmar que nuestras inclinaciones culturales también  están movidas por  el marketing, en este caso de ciudades. Temo además  que el artículo tenga razón en lo provisorio que son nuestras decisiones  en el mundo del consumo: así como hoy despreciamos los destinos que  convocaban a nuestros compatriotas en los noventa, en una década nos  parecerá igual de fatuo haber pasado vacaciones en Machu Pichu, La  Pedrera, Barcelona. Les garanto.</p>
<p>Quizás lo más  exasperante de la nota no sea esto sino constatar que, como en esa  publicidad de perfume, “No estamos en la lista”. En definitiva, no es un  invento de ese diario asociar ser con consumir. Ya en  1995 <a href="http://es.scribd.com/doc/14001666/Nestor-Garcia-Canclini-EL-CONSUMO-SIRVE-PARA-PENSAR-en-Consumidores-y-Ciudadanos#open_download" target="_blank">García Canclini llamó consumidor ciudadano</a> a este ser que somos desde que nuestra vida depende de lo que tenemos.  Si hasta las políticas públicas miden hoy inclusión por consumo básico y  los gobiernos evalúan el bienestar de su población en función del  porcentaje de ocupación de hoteles en la costa atlántica. Sincerémonos:  todos pensamos que somos lo que tenemos y que para mejorar, tenemos que  tener algo más: una zapatilla mejor, un teléfono con emepetrés, un  modelo más nuevo de auto, vacaciones en el extranjero, o el escalón  consumista que sea el próximo en la escala social en la que hayamos  caído de momento. Lo triste no es la lista de  objetos que la nota  menciona como definitorios de la identidad argentina, sino que muchos  anuncios gubernamentales se obsesionen con ellos. ¿Acaso no se festeja  el aumento del patentamiento de autos como si representara el fin de la  pobreza?  O nos olvidamos que el año pasado la sociedad toda estuvo  dominada por las adquisiciones tecnológicas: la TV plana fue festejada  por la prensa como conquista social del Mundial 2010; el mundo educativo  aplaude la entrega de una computadorita a cada ciudadanito; la banda  ancha se promete como el bien que no se le niega a nadie (Macri la  convida en las plazas, Mariotto la ofrece a través de cooperativas).    Demasiada gente ocupada en que la realidad no les estropee el discurso,  sea una noticia o un plan de gobierno.</p>
<p>En 1966,  Jauretche definía El medio pelo en la sociedad argentina por la “boite  de lujo, los departamentos de Barrio Norte, los clubes supuestamente  aristocráticos”. Porque, explicaba entonces, como esa clase social “no  quería ser guaranga, como corresponde a una burguesía en ascenso, fue  tilinga, como corresponde a la imitación de una aristocracia”. Y bueno,  los tilingos siguen siendo tilingos, vayan a Mau Mau o a Tequila.  Anduvieran en Cherokee o Ferrari en los noventa, o en BMW o en Audi por  estos días. El peligro sigue siendo el mismo: que nos enojemos con los  tilingos creyendo que no tienen nada que ver con nosotros.  El que esté  libre de consumo, que tire la primera piedra.</p>
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		<title>Ciberghetto</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Feb 2011 15:59:49 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El ciberactivismo mostró ser útil para superar la censura y represión impuestas por el Estado, o para romper el cerco informativo del poder. Pero también puede ser una pose de militancia intensiva sin riesgo de embarrar las Converse. Prepotear detrás de un avatar a quien dude del dogma nacional y popular, o jugar a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/02/Noticias_Eternautistas-feb11.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1172" title="Noticias_Eternautistas feb11" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/02/Noticias_Eternautistas-feb11-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>El ciberactivismo mostró ser útil para superar la censura y represión impuestas por el Estado, o para romper el cerco informativo del poder. Pero también puede ser una pose de militancia intensiva sin riesgo de embarrar las Converse. Prepotear detrás de un avatar a quien dude del dogma nacional y popular, o jugar a la lucha contrahegemónica con un grupito de fans de Facebook puede ser cibermilitancia. Pero también la versión 2.0 del <em>radical chic</em> de Wolfe, <span id="more-1171"></span>la izquierda divina de Baudrillard. O el <em>upgrade</em> de la propuesta de Susanita: en lugar de juntar lentejas para los pobres, acumulemos tuits para su redención.</p>
<p>Una revolución de blogs no se le niega a nadie. Pero no se le puede imponer al que no la solicita. Los acontecimientos de Oriente medio muestran que los ciudadanos pueden enfrentar al poder con la ayuda de las tecnologías. Pero no funciona cuando el poder se disfraza de revolución ciudadana, usando los recursos públicos para legitimar la posición de un grupo, o despreciando los medios que frecuenta la mayoría de la ciudadanía. No hay marcha, consigna ni argumento teórico que les quite a los medios de comunicación su centralidad en la vida política y social. Como señaló hace poco Manuel Castells, Internet es condición necesaria para la movilización social pero no suficiente. Según este especialista, estas «wikirrevoluciones» que se  autoorganizan desconocen los  viejos liderazgos, que son puros símbolos y nadie obedece ya a símbolos. Aunque se pongan la escafandra del Eternauta.</p>
<p>La tecnología por sí sola no redime. El riesgo del ciberactivismo es que el mundo parece manejable cuando tiene el tamaño de la pantalla de la Blackberry, cuando los seguidores de Twitter aplauden cada acto de heroísmo cibernético. Es un mundo tan confortable como el sillón desde donde se operan las cibercampañas.</p>
<p>Columna publicada en <a href="http://www.revista-noticias.com.ar" target="_blank">Noticias</a>, edición 1783.</p>
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		<title>Experiencia religiosa</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Dec 2010 22:01:21 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Hace un par de semanas tuve ocasión de presenciar una experiencia mística, casi rayana en el trance colectivo.  Ya saben: nada detiene al analista social en la búsqueda de la verdad, ni siquiera el fanatismo extremo. Así que partí esa noche de domingo al estadio mundialista designado para ritual, templo ideal si de fervores multitudinarios [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2010/12/Foto_112810_015-b.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-1097 alignleft" title="Foto_112810_015 b" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2010/12/Foto_112810_015-b-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Hace un par de semanas  tuve ocasión de presenciar una experiencia  mística, casi rayana en el  trance colectivo.  Ya saben: nada detiene al  analista social en la  búsqueda de la verdad, ni siquiera el fanatismo  extremo. Así que partí  esa noche de domingo al estadio mundialista  designado para ritual,  templo ideal si de fervores multitudinarios se  trata. <span id="more-1096"></span>A cuadras ya se  veían familias que llegaban entusiasmadas al  encuentro, cófrades que  desplegaban sus carteles festejando al  protagonista, camaradas que van  cantando a renovar la fe en su dios.  Como no hay religión que escape a  los rituales terrenales, la  peregrinación era acompañada por vendedores  ambulantes para quienes el  milagro de la fe se tradujo en venta de  imágenes, posters, estampas,  remeras y suvenires transiluminados.  Amuletos que santificarán los  hogares con el espíritu del encuentro y  permitirán recordar para  siempre “yo estuve ahí”.</p>
<p>Adentro del estadio, el fervor se venía  cocinando  desde temprano, con lo que la ansiedad por ver al ídolo  estallaba en  suspiros cada vez que se probaban las luces. ¿Sale?, ¿¡ya  sale!? Por las  dudas, los carteles no claudicaban:,“Sos único”, “Lomas  del Mirador  presente”, “Fans Club Tengo Todo excepto a ti”, “Todo mi  amor!!!! Kary  de Hurlingham”. Pasadas las nueve, la llegada del mesías  se reclamaba  con suspiros tales que desacomodaban las sillas que los  organizadores  habían apretado en el campo. ¡Cuánta idolatría por metro  cuadrado!  Palmas, palmas urgentes. ¡Que empiece! ¡Que empiece!</p>
<p><img class="alignleft" title="Foto_112810_002" src="http://www.catedraa.com.ar/wp-content/uploads/2010/12/Foto_112810_002-150x120.jpg" alt="" width="150" height="120" />De   pronto, el estadio se oscureció y del escenario brotó la luz y la voz   del hombre que todos esperaban. ¡Ah! Ahí descubrí lo qué era una   multitud aullando. Sí, literalmente aullando. Y levantando sus manos al   cielo, recibiendo como una epifanía el mensaje de amor universal y   eterno a ritmo de orquesta latina. Y la cancha toda elevó hacia el cielo   de Liniers las estrofas tantas veces repetidas. “Amor, amor, amor…”. Y   la rubia de al lado no aguantó más y estalló en llanto. Lloró con la   mirada perdida en el escenario, repitiendo ahogada por hipos “…nació de   ti, nació de mí, de la esperanza”.</p>
<p>Si algo tienen  de eficaces  las nuevas religiones es haber sumado las nuevas  tecnologías al ritual.  Ni bien empezó la ceremonia, cámaras y celulares  se elevaron sobre las  cabezas y ahí se quedaron toda la noche, tratando  de capturar todo lo  que pasaba en el altar profano. Al meter la  ceremonia entera en la  diminuta pantallita, se guardó el milagro de esa  noche para repetirlo  todas las otras noches. O colgarlo en YouTube y así  extender la  evangelización por las redes sociales.</p>
<p><img class="alignleft" title="Foto_112810_009" src="http://www.catedraa.com.ar/wp-content/uploads/2010/12/Foto_112810_009-150x120.jpg" alt="" width="150" height="120" />El   espíritu científico está  entrenado para dejar de lado los prejuicios   que podrían entorpecer la observación fidedigna. Pero hay  circunstancias  que exceden la mirada analítica. Puedo entender que  alguien pague 400,  600, 800 pesos para ver a su ídolo. Puedo comprender  que el romanticismo  sea un culto predominantemente femenino, y que sus  plegarias favoritas  sean lágrimas y alaridos. Pero me excede que una  mujer adulta llore  desenfrenada cantando “No culpes a la lluvia” (¿Se  entiende?, lloraba  cuando repetía “no culpes a la playa”). O que otra  bailara desenfrenada  sobre tacos de 15 centímetros, vestida como para  ir a un casamiento.  Creo que trataba de conseguir que se posaran en  ella los ojos de Luis  Miguel. Por eso no dudó cuando pudo avanzar como  diez filas saltando de  silla en silla, cuando el patovica que la tenía  vigilada tuvo que sumar  sus músculos para contener el aluvión de locas  que querían darle en mano  al cantante flores, un corazón de peluche,  ositos cariñosos. Porque  hasta los custodios mejor entrenados nada  pueden ante el desborde de  estrógeno.</p>
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		<title>Marketing enigmático</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Nov 2010 18:36:09 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Me llegó un tuit a mi nombre que decía lo siguiente: @adrianacatedraa TeamHUGETitties lol RT upenzi: digging biscuit crumbs out of my bra. thanks chickfila =) http://tlny.1k.ru/FN3T7 Los que hicieron click en el enlace ya se enteraron de qué se trataba. A los otros los felicito porque evidentemente controlan la curiosidad de una manera que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me llegó un tuit a mi nombre que decía lo siguiente:</p>
<div>
<blockquote>
<div>@<a rel="nofollow" href="http://twitter.com/adrianacatedraa">adrianacatedraa</a> TeamHUGETitties lol RT upenzi: digging biscuit crumbs out of my bra.  thanks chickfila =) <a title="http://www.twitlonger.com/show/3empt0/" rel="nofollow" href="http://tlny.1k.ru/FN3T7" target="_blank">http://tlny.1k.ru/FN3T7</a></div>
</blockquote>
</div>
<div>Los que hicieron click en el enlace ya se enteraron de qué se trataba. <span id="more-1068"></span>A los otros los felicito porque evidentemente controlan la curiosidad de una manera que yo no pude hacer. Ahora no sé si ponerme contenta por haber sido elegida para un producto tan <em>cool</em>, o deprimirme porque le presto atención hasta avisos publicitarios que no entiendo. Los creativos del mercadeo no paran de sorprenderme.</div>
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