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	<title>a los medios &#187; Medio-política</title>
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		<title>Demasiada información</title>
		<link>http://www.alosmedios.com.ar/comunicar/24-01-2012/demasiada-informacion/</link>
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		<pubDate>Tue, 24 Jan 2012 10:03:08 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Comunicar no es fácil]]></category>
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		<description><![CDATA[Comunicar no es fácil. Nada fácil. Algunos creen que se trata de informar mucho de cuestiones convenientes, evitar a toda costa las inconvenientes, estimular los halagos, ahogar las críticas, y que con eso el balance de mensajes quedaría del lado positivo. Pero no. La comunicación no es una cuestión de sumas y restas. Es algo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2012/01/CK_1112-Telam-operac-tiroides.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-1446 alignleft" title="CK_1112 Telam operac tiroides" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2012/01/CK_1112-Telam-operac-tiroides-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Comunicar no es fácil.  Nada fácil. Algunos creen que se trata de informar mucho de cuestiones  convenientes, evitar a toda costa las inconvenientes, estimular los  halagos, ahogar las críticas, y que con eso el balance de mensajes  quedaría del lado positivo. Pero no. La comunicación no es una cuestión  de sumas y restas. Es algo complejo, controlable solo en el punto de  partida, impredecible en la parte de los mensajeros y sobre todo  desbocada en la de los destinatarios, que se han convertido en emisores  indómitos por obra y gracia de la tecnología. Basta echar una mirada por  las redes para ver cómo toda conversación resulta irremediablemente un  teléfono descompuesto. <span id="more-1445"></span>Ya lo decía uno de los sociólogos más influyentes  del siglo pasado, el señor Niklas Luhmann: “Comunicar es improbable”. Y  pueden enojarse todo lo que quieran con los mensajeros, con los  remitentes, con el cartero, con los que abren la carta, con los que, sin  abrirla, la tiran a la papelera. El éxito de la comunicación no depende  de ninguno de ellos. Pero depende de todos.</p>
<p>La historia argentina nos cuenta la paradoja de  Castelli, el orador de la Revolución, que murió silenciado por un cáncer  en la boca. Por estos días la presidente record en discursos quedó  callada por un cáncer en la garganta pero que esta vez no fue. En su  mudez, otros hablaron por ella: voceros, médicos, especialistas y no  tanto, periodistas, pero sobre todo hablaron las redes. Furibundamente.  ¿Cómo puede ser? Tantos rumores, tantas especulaciones, si en todo  momento hubo información. El parte médico se leyó al momento,  estoicamente bajo el rayo del sol, para una audiencia <a href="http://www.perfil.com/ediciones/2012/1/edicion_639/contenidos/noticia_0054.html" target="_blank">que no estaba ahí</a>,  sino del otro lado de la pantalla cómodamente instalada debajo del  ventilador. Pero antes que calmar, cada salida agitaba una nueva  andanada de insolentes comentarios. O de veneraciones rayanas en el  paganismo. ¿Cómo puede ser? Un mismo mensaje despertando reacciones tan  contrapuestas. Eso sí, el mensaje despertando reacciones.</p>
<p><a href="http://www.perfil.com/ediciones/2011/12/edicion_636/contenidos/noticia_0034.html" target="_blank">Eliseo Verón comparó</a> el estilo de comunicación el gobierno de Cristina Kirchner y de Dilma  Rousseff. Y concluyó que la diferencia estaba dada por extremo  personalismo versus institucionalidad consolidada: en Brasil, por  ejemplo, no existen cosas tales como el “lulismo” o el “cardosismo”. En  Argentina solo parece sobrevivir el “kirchnerismo”. En ambos países se  enfrentan las mismas corporaciones, similares “monopolios informativos”,  parecidas deudas sociales. Ambas mandatarias suceden a personajes de su  mismo partido con mucho carisma. La presidente de Brasil cierra su  primer año de mandato con excelente imagen y buenas relaciones de la  prensa. La presidente de presidente de Argentina también, pero sigue  peleada con los medios.</p>
<p>Claro que parece que en el  país vecino entienden que las “buenas relaciones con la prensa” admiten  críticas y señalamientos. Por eso  junto con el elogio pueden  advertirle a Rouseff que tenga cuidado porque la popularidad alimenta  vocaciones autoritarias, y es mejor usarla para beneficio de la  colectividad y no para el<a href="http://www.observatoriodaimprensa.com.br/news/view/_ed673_um_ano_de_boas_relacoes" target="_blank"> proyecto de un partido</a>.  La institucionalidad también está instalada en la visión de la prensa.  Por aquí buena prensa sería la que da buenas noticias. Verón en su  último libro “<em>Papeles en el tiempo</em>” explica que hay  mediatización cuando “la figura presidencial despliega modalidades no  institucionales de influencia y toma de decisiones, a través de un  manejo de los medios de comunicación que le otorga una presencia fuerte  en el espacio público”. Es cuando las decisiones se toman pensando en  los medios, ajustándolas a sus tiempos y lógicas y ya no importa si los  mensajes son “verdaderos”: “son importantes por ser oficiales”.</p>
<p>Como todo sería una cuestión de discursos, se producen mensajes propios para competir con los medios a razón de <a href="http://www.clarin.com/politica/Relato-gastan-millones-difundir-gobierno_0_625137508.html" target="_blank">dos millones de pesos diarios</a>.  “El populismo asimila comunicación con propaganda” dice también Verón  en su libro. Que se reconoce porque tiene una sola vía, no admite  preguntas ni modalizaciones y, como la publicidad de champús, y no  escatima recursos ni promesas. Se aspira a neutralizar los medios  díscolos con medios dóciles, se cree tapar comentarios con más  comentarios. Pero aun así, en el extremo de la cadena, existen  subversivos que se resisten a creer el parte gubernamental.</p>
<p>Pasa  que más comunicación no es mejor comunicación, sino más bien todo lo  contrario. Demasiada información intoxica, crea amnesia, <a href="http://observatoriodaimprensa.com.br/news/view/_ed675_o_excesso_de_informacao_provoca_amnesia" target="_blank">advierte Umberto Eco</a>.  Porque el exceso de comunicación es una sobredosis que inmuniza la  atención y estimula el escepticismo. La sabiduría popular aconseja que  cuando un perro nervioso amenaza con pegar un tarascón, la cosa es  quedarse quieto, no mostrarle ninguna reacción temeraria. Con las  audiencias confundidas y ofuscadas vale lo mismo: no comuniques que es  peor.</p>
<p>Publicada en http://hipercritico.com/content/view/4003/40/</p>
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		<title>La crisis olvidada</title>
		<link>http://www.alosmedios.com.ar/ufa-con-la-comunicacion/31-12-2011/la-crisis-olvidada/</link>
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		<pubDate>Sat, 31 Dec 2011 16:05:23 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Medio-política]]></category>
		<category><![CDATA[Ufa con la comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Medio medio]]></category>
		<category><![CDATA[Todo es política]]></category>

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		<description><![CDATA[El espacio La tecla eñe pidió a varias personas un recuerdo sobre la crisis 2001. A mí se me vino el tema de los medios, tal como pasaba en ese momento, no en la memoria que tramposamente a veces se construye hoy. Y esta es la columna: El recuerdo de una situación personal me sirve [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.diariosobrediarios.com.ar/eldsd/zonadura/2003/junio/10-6-2003.htm" target="_blank"><img class="size-thumbnail wp-image-1440 alignleft" title="DsD 2003" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/12/DsD-2003-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>El espacio <a href="http://www.lateclaene.blogspot.com/2011/12/diez-anos-del-19-20-de-diciembre-de.html" target="_blank">La tecla eñe</a> pidió a varias personas un recuerdo sobre la crisis 2001. A mí se me vino el tema de los medios, tal como pasaba en ese momento, no en la memoria que tramposamente a veces se construye hoy. Y esta es la columna:</p>
<p>El recuerdo de una situación personal me sirve de referencia cuando cierto relato de la historia reciente de los medios hace confundir un poco las secuencias de sucesos. Cosa que les pasa a los que descubrieron el tema de los medios hace poco y suelen omitir que ya era una preocupación de unos cuantos hace diez años atrás. <span id="more-1439"></span>Esos mismos días urgentes de diciembre de 2001 se inauguraba la primera cohorte del doctorado en Ciencias Sociales de Flacso con una reunión con los colegas admitidos. Hice el primer año en 2002, con los ahorros congelados y sin trabajo fijo. Pero lo más difícil de esa época fue pelear contra la incomprensión de mi proyecto de tesis para muchos sociólogos y comunicadores para quienes investigar los diarios y la producción de noticias era un tema menor. Lo curioso es que muchos son los mismos que por estos días abrazan la causa mediática con un fervor que les hace olvidar el trabajo de los investigadores que durante la crisis se ocuparon de registrar los datos que son argumento de muchas reformas legales.</p>
<p>Para los que teníamos curiosidad por los problemas estructurales del sistema de medios argentino, los sucesos que parecen novedad estos últimos años ya eran parte de nuestras preocupaciones entonces. En ese momento, la mayoría de los comunicadores transitaban los estudios culturales y militaban por esas líneas de estudio tanto como desatendían los marcos teóricos que hacen posible el estudio sistemático de los medios y sus efectos en la opinión pública. En los talleres del doctorado la mayoría incluso se mofaba del hecho de que en mi bibliografía estuvieran los libros de Julio Ramos, de Pablo Llonto, o las encuestas de la situación de los periodistas que se habían hecho en los noventa, que a mí me parecían imprescindibles como testimonios de una época. Sin embargo, que algunos miraran para otro lado entonces no desmentía que al inicio de este siglo eran varios los que habían empezado a discutir la complejidad del sistema de medios, como Becerra y Mastrini; a detectar los problemas de los oligopolios con casos como el fracaso de los diarios gratuitos en Argentina (una excepción en el mundo); o a sistematizar las consecuencias nefastas que iba a traer la concentración de las fuentes de información o el exceso de publicidad en las campañas electorales y gubernamentales. En 1999 nos escandalizó la campaña de la Alianza, que había gastado lo que en ese momento parecía una fortuna sideral. Diez años después, la cifra es lo que en 2011 se gastó en una semana de publicidad oficial, dinero que como entonces sigue beneficiando a la industria publicitaria y mediática.</p>
<p>Los que hoy dicen que no se hablaban de esas cosas ni se replanteaba el lugar del periodismo, seguramente se perdieron encuentros como el de “Autoexamen de la prensa” que a fines del siglo pasado reunió a los Defensores de lectores de los diarios “El tiempo” de Colombia y “El País” de España, junto con varios especialistas de Latinoamérica y periodistas de Argentina. Tampoco se enteraron que ahí mismo, en los coletazos de la crisis, el centro Cultural Rojas organizó un ciclo de charlas, bajo el impulso de María Moreno y Osvaldo Tcherkaski, que se llamó “Información, ¿se puede saber lo que pasa?”, que quedaron registradas en un libro homónimo. Claro que ambas actividades estaban apoyadas por universidades privadas y fundaciones extranjeras, y es posible que eso haya hecho que se miraran con la misma suspicacia que mi bibliografía. Pero lo cierto es que el ciclo del Rojas fue cerrado por Tomás Eloy Martínez, que a su vez había sido honrosamente antecedido en jornadas previas por periodistas del país que criticaron abiertamente lo que hoy algunos dicen que era intocable. De la misma manera ya a inicios del siglo la iniciativa de Diario sobre diarios hacía lectura crítica de los matutinos cada mañana, y desde 2002 se puso a disposición de todos los que quisieran leerlo vía web. Este observatorio de medios fue pionero también en ocuparse en su “Zona Dura” de temas como las ventas de los diarios o el juicio por la identidad de los hijos de Noble. La crisis motivó aportes muy valiosos.</p>
<p>Porque 2001 también fue el año de la crisis de los medios, cuyos coletazos hoy son tan evidentes. En ese momento se hizo patente que la ciudadanía no reaccionaba a partir de lo que leía en los medios, más preocupados por lo que pasaba hacia arriba que por lo que se gestaba abajo. La opinión pública, en los casos que fue consultada con estudios sistemáticos, manifestaba su malestar con el periodismo: en ese momento dio claras señales de que el idilio que tuvieron hacia mitad de la última década del siglo XX estaba terminado. También para el 2001 Clarín ya había registrado la peor caída de ventas de su historia y la ciudadanía había mostrado mejor criterio en la elección de la programación televisiva que los propios productores (para esa época había nacido la televisión realidad que se convirtió en el fenómeno mediático de la década y brindó más fuentes de trabajo que la alicaída ficción). Fue por esa época que ya estaba planteada la transformación tecnológica que hoy está consolidada. También para 2001 ya había un gobierno que había hecho de la propaganda su principal capital y ya por entonces hubimos de comprobar tristemente que la imagen pública era más volátil aun que los capitales extranjeros.</p>
<p>No dejo de recordar, cada vez que trato de recuperar lo que pasaba hace diez años, que muchos de los cambios hoy son posibles porque algunos se animaron a ser pioneros en temas que no eran el eje central de la investigación académica. Aprendí que la opinión dominante tiende a omitir lo que le resulta incómodo. Y que, como ocurrió en el pasado, los cambios positivos de mañana seguramente provengan de los que creen en los derechos de la ciudadanía más allá de los ejes de poder, que siempre intentarán dar su versión de las leyes de la rotación terrestre. Epur si muove.</p>
<p>Publicada en <a href="http://www.lateclaene.blogspot.com/2011/12/diez-anos-del-19-20-de-diciembre-de.html" target="_blank">La tecla eñe</a> Año X &#8211; XI Número 50 &#8211; Diciembre de 2011 &#8211; Enero 2012</p>
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		<title>Violencia y medios</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Nov 2011 02:23:41 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Me gusta ser mujer]]></category>
		<category><![CDATA[Medio-política]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta no es una columna sobre violencia ni sobre mujeres. Apenas si intenta hacer una reflexión sobre el escenario donde exhiben algunos de los peores actos que una perpetra sobre las otras. De los medios, que de eso se trata, se ha dicho mucho y, sin embargo, seguimos sin saber algo que evite el próximo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta no es una columna sobre violencia ni sobre  mujeres. Apenas si intenta hacer una reflexión sobre el escenario donde  exhiben algunos de los peores actos que una perpetra sobre las otras. De  los medios, que de eso se trata, se ha dicho mucho y, sin embargo,  seguimos sin saber algo que evite el próximo golpe. Ríos de tinta sobre  los ríos de sangre que no mueven las convicciones ni de los  especialistas ni de los criminales.<span id="more-1424"></span></p>
<p>Primero el imperialismo cultural, después la denigración de la  figura femenina, hoy la violencia intrínseca que atraviesa clases y  ámbitos sociales, la cuestión es que cuando se habla de los medios se  confunde la consecuencia social con uno de sus síntomas. El mundo es  violento, dicen, los medios son violentos, ¿entonces? ¡Los medios  reflejan la realidad!, se justifican unos ante los que piden un poco de  moderación de lo que se muestra. ¡Pero no!, dicen otros. ¡Los medios no  reflejan la realidad! La realidad no es tan insegura como cuentan los  diarios, protestan aquéllos. Es cierto, no la reflejan pero porque la  realidad es peor de lo que se ve en la tele, dicen los sorprendidos por  crímenes sociales que aun no habían pensado ningún guionista. Es cierto,  no la reflejan, decimos, porque nosotras, las mujeres cotidianas, las  minorías, las postergadas, las sufrientes, las nuevas feminidades, no  estamos en los medios. Podríamos seguir discutiendo sin ponernos de  acuerdo, básicamente porque medios y realidad son dos cosas diferentes.</p>
<p>El hecho de que los medios atraviesen la vida contemporánea ha  llevado a postular que los medios son la vida. Pero casi nunca lo que se  ve en los medios coincide con lo que pasa en la nuestra. Pero la vida  social viene tan brava últimamente que necesitamos buscar culpas. ¿Yo,  señor? ¡No, señor! Pues, ¿entonces, quién la tiene? ¡La gran  conspiración! ¿Cuál de ellas? ¡La mediática! ¿Cuál otra? Lo curioso de  esta condena es que suele venir de gente que no estudia los medios, o  que se siente por fuera de ellos al punto de que supone que los medios  generan atrocidades a los otros. Manipulan esas masas desprevenidas que  nunca los contienen, porque ellos, los críticos, los que no ven  televisión, los que leen solo lo que hay que leer, son inmunes a esos  medios que consumen indolentemente gentes peores de ellos. La solución  que se dio hasta ahora es intervenir en los medios.</p>
<p>Las investigaciones en comunicación vigentes señalan lo contrario,  que hay que mejorar las condiciones sociales de las sociedades en las  que se insertan esos medios. Son más poderosos en situaciones de  debilidad vincular, pobreza cultural, amenaza social, inestabilidad  económica.</p>
<p>Se atenúan sus efectos cuando estas cuestiones se revierten. Los  efectos de los medios no están determinados por un poder mediático  intrínseco. Lo que ocurre es que es más fácil acusar qué le hacen los  medios a la sociedad, que preguntarse, como aconseja Zygmunt Bauman, qué  tipo de sociedad es la que produce esos medios. Es fácil concluir que  esa construcción de la imagen femenina que hacen los medios no se nos  parece en nada. Es difícil asumir que se parece también a los peores  prejuicios que la sociedad tiene de nosotras. Frívola gastadora,  obsesiva de su cuerpo, abnegada en la cocina, o cualquiera de las  imágenes de esas que circulan por las tandas. Si nos tratan de tontas,  dijimos, desarticulemos los mensajes para despertar las conciencias  dormidas. Sin embargo, años de trabajos y denuncias sobre el sexismo en  los medios no han generado los cambios profundos que se esperaban.  Militancia de organizaciones y campañas de concientización no han  propiciado mejoras contundentes en la violencia doméstica. ¿Por qué?  Porque los estudios de la comunicación demostraron la falacia de uno de  los mitos heredados de la Ilustración, ese que decía que la verdad nos  haría libres. Mucho menos nos vendrán a liberar los medios.</p>
<p>Así lo sostiene George Lakoff, lingüista cognitivo que hizo estudios  experimentales sobre las reacciones de la sociedad norteamericana  frente a temas como el aborto y el matrimonio igualitario. Concluye que  no importa cuánto se diga en los medios, ni importa siquiera que a veces  les asista la razón y la ley, cuando lo que dicen va en contra de los  marcos conceptuales que predominan en una sociedad, se ignoran los  hechos y se ratifican los preconceptos. De ahí su ineficacia para  cambiar actitudes o educar en nuevos valores. En nuestras sociedades,  por ejemplo, el marco conceptual del hombre poderoso y la mujer débil  sigue implícito en casi todos los mensajes que nos involucran. Aun en  esos bien intencionados, que hablan de víctimas inocentes, que tienen  implícito el marco conceptual de que hay víctimas no inocentes, que  merecen su muerte, su violación, sus golpes. Así de horrendo es como  para reconocerlo.</p>
<p>La causa primera de los mensajes circulantes no son los medios, sino  un sistema (político, social, cultural, económico, religioso) en el ue  se apoyan las creencias que marcan roles femeninos y masculinos.</p>
<p>Las investigaciones sistemáticas sobre efectos de los medios (que no  son los estudios de los mensajes, que nada dicen acerca de qué generan  en las audiencias) confirman que están claramente condicionados por  factores sociales. No hay evidencias de sociedades educadas a través de  los medios, y sí de que las sociedades educadas son indiferentes a los  medios (que eligen para instruirse instituciones más sólidas y  confiables que la televisión).</p>
<p>Esto no significa desconocer el importante papel que juegan los  medios en la circulación del “sentido común”. Pero como insiste el  reputado sociólogo Manuel Castells, los medios no son un poder: son el  espacio donde se juega el poder de otros actores que estuvieron  encantados de que todos estos años nos la agarráramos con los mensajeros  mientras ellos seguían haciendo lo suyo. Podríamos seguir haciendo  investigaciones, congresos, discusiones públicas, para demostrar que los  roles de la mujer en los medios son subordinación, decoración,  abnegación. Pero verdaderamente novedoso sería explicar por qué el  sentido común sigue aceptando que aparezcan esas imágenes sin inmutarse.  Nunca, en la breve historia que los medios tienen en la humanidad, se  vio que los cambios sociales vinieran de ellos, y sí que tardan bastante  en incorporarlos. Creer que se combaten los crímenes de género porque  el actor que acaba de hacer de marido maltratador pasa el teléfono del  centro de ayuda a la violencia familiar podría ser ingenuo si no fuera  un tanto peligroso.</p>
<p>Publicada en el Suplemento Las 12, 28 de noviembre de 2011, en http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-6893-2011-11-25.html</p>
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		<title>Salir de country</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Sep 2011 23:58:56 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Todo es política]]></category>

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		<description><![CDATA[Decir que Sarlo y Verbitsky hablan de dos Argentinas es resignarse a la idea de que hay una batalla de mundos, en la que fungen de espadas intelectuales. La Argentina de Verbitsky y la de Sarlo no parecen tan distintas. Los distingue, claro, el método de observación. Una tiene la mirada fina de lo social. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/10/Noticias-tapa_1813-Dos-paises.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1395" title="Noticias tapa_1813 Dos paises" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/10/Noticias-tapa_1813-Dos-paises-145x150.jpg" alt="" width="145" height="150" /></a>Decir que Sarlo y Verbitsky hablan de dos Argentinas es resignarse a la idea de que hay una batalla de mundos, en la que fungen de espadas intelectuales. La Argentina de Verbitsky y la de Sarlo no parecen tan distintas. Los distingue, claro, el método de observación. Una tiene la mirada fina de lo social. Otro, la cachetada del reporte. Una es una <em>flaneur</em> de la realidad. El otro es intérprete perspicaz del informante. Sarlo describe mejor la torpeza del poder y Verbitsky, su trasfondo.<span id="more-1394"></span> Él tuvo sus investigaciones más sonadas contra Menem. Ella se consagró como comentadora de la realidad contra Kirchner. Pero si no fuera por un desfasaje temporal hasta se podría decir que su crítica se parece. Los distancia el sujeto, no el objeto. Ideológicamente sus preocupaciones son las mismas. Ideológicamente sus explicaciones son distintas.</p>
<p>En algún momento, no hace tanto, el pensamiento de Sarlo y de Verbitsky podía no parecer tan distante. De pronto, hubo que colocarlos en cada una de esas dos Argentinas que la dialéctica ilustrada fue construyendo para acomodarse entre los que son como uno. Esos mismos progres que se mofan de los barrios cerrados, no dudan en amurallarse en grupos, medios, cartas no muy abiertas. Aquí están los que piensan así, allá los que piensan asá.  Y los que transitan por los márgenes tienen que justificar la osadía de salir en medios o aceptar premios fuera de sus <em>countries</em> del pensamiento. El pasado lunes Sarlo aclaró que inteligente es quien tiene “la capacidad de contradecir sus propias convicciones”. Verbitsky explicó que aceptaba un premio de una editorial que hace “un periodismo distinto” al que él hace. Para muchos intelectuales y periodistas la consigna parece ser hoy no hables con extraños. En ese contexto, un ejercicio de libertad es hacerlo.</p>
<p>Columna publicada en Noticias, Edición                   1813,                   23 de septiembre de 2011 (Nota de tapa &#8220;Dos países frente al espejo&#8221;).</p>
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		<title>Aportando al relato</title>
		<link>http://www.alosmedios.com.ar/hipercritica/31-08-2011/aportando-al-relato/</link>
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		<pubDate>Wed, 31 Aug 2011 20:01:47 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/08/Argentinismos-tapa.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1377" title="Argentinismos tapa" src="http://www.alosmedios.com.ar/wp-content/uploads/2011/08/Argentinismos-tapa-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a>Ahora dicen que los  medios, al fin y al cabo, no tuvieron tanta incidencia en las decisiones  de los votantes. Con los resultados de las elecciones en las tapas,  unos que opinaron que iba a pasar otra cosa, ahora admiten que pasó lo  contrario y que fue la economía estúpido (plasma, planes, plata, depende  del analista). Dicen que nada que ver con la comunicación. El mismo  día, otros, los obsesionados con los medios hegemónicos, festejaron que  al final no resultaron tan destituyentes. <span id="more-1376"></span>Y que era probable que la  población se hubiera dado cuenta de que eran unos giles que no entendían  nada. Unos y otros decían otra cosa antes de las urnas. Y ahora, con  los votos contados, quieren que los escuchemos decir lo contrario.</p>
<p>¿Cómo es? Si los medios agendaban furibundamente,  ¿por qué la ciudadanía votó de la manera contraria a la que se suponía  “la agenda”? Si la cuestión del voto pasaba por lo pragmático, ¿por qué  todos estaban tan preocupados por la comunicación? Y sobre todo, ¿por  qué gastan tanto en publicidad si al final no talla en el resultado?  Porque, solo de pauta de medios, el año pasado el gobierno nacional se  gastó casi dos palitos al día, según importes <a href="http://www.jgm.gov.ar/paginas.dhtml?pagina=196" target="_blank">declarados por la propia Jefatura de Gabinete de Ministros</a>.  Sumenle el gobierno de Macri, y el de Scioli, y el de cada uno que  gasta en publicidad con una generosidad no vista en rubros más  acuciantes. Más toda la que no entra en la pauta, porque está canjeada  por deudas varias. Más toda la que pasa en el Fútbol para todos  (programa de gobierno que se llevó 2,5 millones por día el año pasado; y  se llevará algo de  <a href="http://www.losandes.com.ar/notas/2011/1/13/costo-futbol-para-todos-llegaria-1.300-millones-544692.asp" target="_blank">3,5 millones en 2011</a>).  Más la que no se factura, porque es devolución de favores. Una cuentita  no más, así por arriba, y se nos van ¡varios millones de pesos por día!  Que son un montón de centímetros y  segundos de la vida dedicados a  ver/escuchar promesas fáciles en formato de avisos épicos.</p>
<p>A  los militantes anti-medios-hegemónicos les venía preocupando mucho las  noticias y su construcción de la realidad. Pero ¿qué hacemos con la  publicidad? ¿No construye? Porque si vamos al caso, los avisos se llevan  más de nuestro día que la información. Los noticieros en la televisión  abierta ocupan como mucho unas tres horas al día. La Argentina tiene  record mundial de señales de noticias, sí, pero mal se reparten algún  espectador eventual (según un informe de Ibope, en 2010 entre todas no  llegaban a un punto promedio de rating).  La realidad es que solo en las  redacciones y en los despachos se mira con atención las noticias las 24  horas (los bares no cuentan, porque no hay pruebas científicas de que  pantallas mudas que nadie mira tengan alguna influencia).</p>
<p>En  cambio, ¿a qué hora pasan publicidad? A todas. ¿En qué canales pasan  publicidad? ¡En todos! Oficialistas, hegemónicos, con audiencia, sin  espectadores. La publicidad de gobierno se ha convertido en una  presencia permanente, al punto tal que ya forma parte del paisaje  televisivo. Las publicidades del Anses incluso se dan el lujo de ser  exhibidas fuera de la placa que nos anuncia los espacios publicitarios,  en una abierta jactancia de que el mensaje gubernamental puede violar la  ley que más defiende.</p>
<p>Un mérito adicional a su  ubicuidad es que la campaña de comunicación de gobierno supo deslizarse  hacia terrenos menos controvertidos que los de las noticias.  Porque  dicen que la asignación es universal y ponen actores haciendo de madres y  maestros emocionados por el beneficio, ¿quién va a desmentirlos? A  nadie se le ocurriría arruinar el momento aclarando, “eh miren que no  llega a todos los niños, que muchos siguen revolviendo la basura para  comer algo que derramen las bolsas de consorcio”. Martín Caparrós dice  que este falso universalismo forma parte del “Relato”, uno de <a href="http://www.argentinismos.com/sitio/node/18" target="_blank">los Argentinismos</a> que describe en su último libro. Es relato porque en los números  estrictos “la Asignación Universal es muy masiva pero no universal”. Y  si nos ponemos puristas, verdaderamente universal es el subsidio a los  servicios públicos que bonifica la calefacción central de los más  acomodados lo mismo que la de las villas. Pero no hay publicidad que  ande jactándose de la “universalidad” del subsidio a la electricidad,  que de tan universal se reparte indiscriminadamente. Y hasta se nos  olvida que “el Estado, que entrega el dinero a los ricos y clasemedios  sin preguntarles nada, exige a los pobres que demuestren que sus hijos  cumplen con ciertas condiciones”, como observa Caparrós.</p>
<p>Pero   en cualquier caso, estaríamos hablando de datos, y si algo aprendimos  estos años, es que todo es una cuestión de relatos. Quizás los que  denunciaban el poder de la hegemonía discursiva tenían razón. Solo que  parece que la hegemonía no está en un único multimedio, sino que se  desparramó en todos, amigos y enemigos, en forma de aviso pagado por  pauta publicitaria universal para todos a cargo de todos los argentinos.  Que seguimos aportando todos los días varios millones para construir  nuestro  gran relato.</p>
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